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Tenerife, sin radar meteorológico ocho años después del Delta

   

huracán Delta, Canarias

Paso del huracán Delta por encima de Canarias a las 12.00 horas del 28 de noviembre de 2005. | INM

TINERFE FUMERO | Santa Cruz de Tenerife

Ocho años después de que los poderosos vientos del huracán Delta azotasen buena parte de Canarias y 11 desde que la riada del 31 de marzo anegase la capital tinerfeña, Tenerife sigue sin contar con un radar meteorológico propio, a pesar de que se trata de una de las principales recomendaciones acordadas por la comisión de investigación del Parlamento de Canarias que analizó la terrible tormenta atlántica de 2005. Lejos de ser un tema olvidado, el año pasado fue el consejero insular de Aguas, Jesús Morales, quien retomó el asunto, pero hasta ahora el ministerio ha dado la callada por respuesta.

“El norte de Tenerife y La Palma no están cubiertas por el único radar disponible, el de Gran Canaria [1.871 metros de altitud], y todos los técnicos coinciden en que se trata de una instalación indispensable para la alerta temprana ya que, en caso de existir, se ganarían unas horas que pueden resultar importantes para, incluso, salvar vidas”, explica a DIARIO DE AVISOS Morales, quien precisamente hoy participa en unas jornadas sobre inundaciones.

Si bien la utilidad de este tipo de radar es fundamentalmente por las precipitaciones y el Delta castigó especialmente las Islas con sus rachas huracanadas, hay que tener en cuenta que las recomendaciones parlamentarias se establecen a futuro, es decir, aprender de lo vivido por si se vuelve a repetir. Y si en 2005 fue el viento el principal azote, ello se debe a la posición del huracán, que pasó por el norte de las Islas. Si lo hubiera hecho al sur o por encima, las lluvias habrían batido todos los registros modernos. No en balde, se sospecha que el brutal aluvión de 1826 en el norte de Tenerife pudo deberse a un fenómeno similar.

“Vivimos donde vivimos y eso no lo vamos a poder cambiar -reflexiona Morales- pero sí que tenemos que aprender a convivir con el riesgo y por eso tenemos que estar preparados para toda contingencia meteorológica”.

De las recomendaciones parlamentarias en cuanto a predicción, solo la del radar sigue sin ser atendida, además de la de contar con una agencia metereológica canaria (para lo cual tiene competencias estatutarias). Por lo demás, las tormentas tropicales ya están previstas en el catálogo de los Fenómenos meteorológicos adversos de las Islas, el Cabildo ha multiplicado el número de estaciones automáticas de vigilancia. También se han puesto al día las administraciones locales en cuanto a contar con planes de emergencias, y la cultura ciudadana ha crecido exponencialmente. El 1-1-2 ha mejorado su recepción de llamadas y pronto espera contar con la nueva sede. Pero el radar… “No parece que se den por aludidos, no”, remacha el consejero.

El consejero de Aguas del Cabildo de Tenerife, Jesús Morales. | DA

El consejero de Aguas del Cabildo de Tenerife, Jesús Morales. | DA

Aquel terrible lunes de finales de noviembre
Fue terrible para toda Canarias, a pesar de que el Delta ni siquiera pasó por encima de las Islas sino que su núcleo las dejó al sur. Pero aquellos vientos terribles, con rachas superiores a 255 kilómetros por hora en algún caso, se llevaron la vida de, al menos, siete personas, uno en Puerto del Rosario y otros seis que venían en una patera a la que, felizmente, llegó a tiempo el Esperanza del Mar para rescatar a otros 32 ocupantes.

Los daños fueron tremendos. Sirva este párrafo del Boletín Oficial del Parlamento de Canarias para hacerse una idea: “Cierre de aeropuertos, puertos, carreteras y colegios; colisiones y hundimientos de barcos; cuantiosísimos daños en edificios, viviendas, mobiliario urbano, enseres y explotaciones agrarias; graves afecciones en la telefonía fija y móvil, en el abastecimiento de agua y en el suministro eléctrico; importantes daños medioambientales, sirva de ejemplo que solo en el municipio de Santa Cruz de Tenerife se contabilizaron unos 11.000 árboles dañados, de los cuales fueron arrancados totalmente 222 de grandes dimensiones; en cuanto a daños personales, hay que añadir varios heridos de diversa consideración”. A este respecto, cabe recordar que la caída de una palmera causó gravísimas heridas a una mujer en La Palma.

Han pasado años, hoy exactamente ocho, pero siguen planteándose incógnitas: ¿Por qué fue El Hierro la única Isla que supo anticipar lo que venía? ¿Qué circunstancias rodearon a 2005 para que Vince llegara a la Península y al poco Delta a Canarias? Y, sobre todo, ¿estamos preparados para hacer frente a otro embate del destino como aquel?