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Y todo a media luz – Por Jorge Bethencourt

   

El ministro canario de Industria, José Manuel Soria, sigue empeñado en meter en cintura al estrambótico mercado eléctrico español que, como el de la telefonía, durante años ha cosechado pingües beneficios en un mercado cautivo y repartido entre sus grandes depredadores. Cuando Soria llegó al ministerio se encontró con una deuda eléctrica arrastrada de años anteriores de más de 25.000 millones de euros producto de las primas a la producción de energías renovables y a la diferencia entre el costo real de la luz y lo que pagaban los usuarios. El asunto tenía su misterio. ¿Cómo es posible que existiera una burbuja verde producto de subvencionar unas energías que supuestamente son más baratas y eficientes que las derivadas de petróleo? ¿Por qué hay que primar algo que en principio es negocio por sí mismo? Pero además, la curiosa costumbre de que la gente no pague el valor real de las cosas -como la luz- supone ir apuntando cifras a una deuda que se vuelve letal con el paso del tiempo.
Soria parece decidido a conocer realmente los costos de la producción de energía.

Y apunta a Endesa (propiedad de la italiana Enel y del Gobierno italiano en última instancia) tanto en península como en Canarias. Quiere conocer los costos de los combustibles que han usado para producir energía eléctrica durante los últimos cuatro años. El asunto es complejo, pero básicamente lo que el ministro y su equipo técnico sospecha es que las empresas -en este caso Endesa- podría tener ciertos márgenes de beneficio tanto en el precio que dicen que han pagado por el crudo como en los costos de producción final que dicen tener. Lo que ocurre es que los precios están fijados por ley de 1997. Así que si ahora, que se liberaliza el precio de producción, los nuevos precios son inferiores a los antiguos, el Gobierno comprobará que ha hecho el canelo. Pero nada más, porque todo habrá sido perfectamente legal. Es lo que suele ocurrir, con escasas excepciones, cuando los gobernantes pretenden regular los procesos económicos. Que la cagan. Y lo terminan pagando, con sobreprecios e ineficiencias, los propios ciudadanos. La tímida liberalización de la telefonía abarató las tarifas (aunque siguen aún en las garras de las grandes operadoras). Lo mismo pasará en el mercado eléctrico cuando sea realmente libre para producir, contratar y consumir. Pero hay demasiados intereses en juego y todo seguirá como siempre, a media luz.

@JLBethencourt