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¿Un presidente obeso? – Por Juan Manuel Bethencourt

   

La celebración de elecciones municipales y a gobernador en diversas zonas de Estados Unidos ha derivado en una curiosa anticipación de un hecho político habitual: el lanzamiento de la campaña oficiosa hacia la presidencia de la superpotencia, que se dilucidará en los comicios programados para noviembre de 2016. Queda bastante tiempo, y sin embargo se extiende en el ambiente la sensación de que Barack Obama es un presidente amortizado, que entró en los manuales de Historia ya desde su elección -el primer negro en el Despacho Oval-, y que en el presente pelea con denuedo por mantener a flote su principal legado de gestión, la reforma del sistema de salud. En el plano internacional ha cambiado, para bien, el método de la diplomacia estadounidense, pero otros logros, como el cierre de Guantánamo, quedarán para más tarde o para nunca. Unan a ello el reciente escándalo del espionaje y podrá entenderse que Obama ya no recuperará el aura de redentor político que acompañó su fulgurante acceso al poder. Comienza, pues, el debate para buscarle sustituto, y algunos nombres toman posiciones. El personaje de la semana es sin duda el reelegido gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, un tipo que recuerda al actor John Goodman en el papel de presidente interino que desempeñaba en la serie El Ala Oeste: republicano, obeso, directo, populista, moderado y confiable. Son muy buenas cartas para un aspirante que gana cómodamente sus duelos electorales pese a disputarlos en terreno adverso. Nueva Jersey, como Nueva York, es muy del Partido Demócrata, y sin embargo Christie es un republicano capaz, eso sí, de integrar visiones menos extremistas que las defendidas por sus compinches del Tea Party. Christie tiene algunas cosas favorables para competir por la presidencia, incluso más que por la nominación de su partido: es capaz de vencer a un aspirante demócrata de nivel en ese apasionante duelo que es siempre el uno contra uno que dilucida el nombre del nuevo inquilino de la Casa Blanca. En contra, una imagen física que es la antítesis del apolíneo Obama, lo cual habrá que ver qué impacto tiene cuando todos los detalles de su vida sean destripados por una opinión pública voraz y despiadada. Un candidato moderado para ganar o uno extremista para guardar las esencias y probablemente perder, he ahí el dilema del Partido Republicano en estos tiempos. Los demócratas tienen su propio psicodrama, y tiene que ver con la figura de Hillary Clinton, posible primera mujer presidenta y primera esposa de presidente que competiría por el cetro, lo que no es poco. Aunque en su caso conviven dos fuerzas poderosas: el talento indiscutible que la acompaña y el hartazgo que a estas alturas genera su apellido.

@JMBethencourt