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1914 – Por Jesús Pedreira Calamita*

   

Todos sabemos mucho de la II Guerra Mundial. Hemos oído hablar de Hitler, Churchill, Stalin y Roosevelt. También de las primeras bombas atómicas. Y de los campos de concentración, sobre todo el de Auschwitz. E igualmente, de la batalla de Inglaterra, de la de Stalingrado, de la de las Ardenas, y de Pearl Harbour y de Midway, en el Pacífico. También conocemos la historia de Mussolini, de Petain, y de Patton. No nos son desconocidos los nombres del general alemán Rommel el Zorro del Desierto o del británico general Montgomery. Pero, ¿qué sabemos de la I Guerra Mundial? ¿Por qué se denominó así? ¿No hubo en toda la Historia otras grandes batallas donde intervinieran tropas de más de un continente? ¿Qué países y contra quién compitieron? ¿Quiénes eran los jefes de Estado o de Gobierno del Reino Unido, Francia, Alemania, Japón, el Imperio Austro-Húngaro o el Imperio Otomano? ¿Cuándo y dónde se desarrollaron las principales batallas? ¿Cuál fue el motivo que desencadenó la I Guerra Mundial? Esas y mil y una respuestas nos serán dadas, sin lugar a dudas el año que viene, 2014, con motivo del primer centenario del inicio de esta fratricida contienda. Algunos libros nos ilustran sobre ello. Así, por ejemplo, el escritor francés Jean Echenoz en su corta novela 14 nos ofrece un fresco de la vida en las ciudades cuando los hombres en edad de combatir -todos, menos los ancianos y los niños- se desplazan al frente. Las ciudades francesas quedan desoladas, sin vida. Y nos narra la vida de los soldados más allá de las batallas. Y también cómo son convencidos de la forma en que pueden salvarse. “Si mueren hombres en la guerra, será por falta de higiene. Lo que mata no son las balas, sino la falta de aseo, que es nefasta y que es lo primero que deben ustedes combatir. De modo que lávense, aféitense, péinense y nada tienen que temer”, arenga un capitán francés. La otra obra importante que tiene como tema central la vida cotidiana durante la I Guerra Mundial es la del escritor sueco Peter Englund La belleza y el dolor de la batalla. El secretario perpetuo de la Academia Sueca nos presenta un crisol de historias. Englund nos relata veinte historias de distintos personajes a través principalmente de sus cartas, pero también de sus diarios y de sus testimonios. Al inicio del capítulo dedicado al año 1914 se indica: “Partir a la guerra, no por el oro ni los bienes, no por el honor ni por la patria, tampoco para perseguir la muerte del enemigo; sino para fortalecer el carácter, fortalecerlo en cuanto a fuerza y voluntad, en cuanto a temple, disciplina y costumbres. Por eso quiero ir a la guerra”. Englund, doctor en Historia, magistralmente traza un relato de veinte historias, veinte esperanzas, veinte desgracias, veinte experiencias personales. Al inicio del dedicado al año 1918 se concluye: “Este será nuestro mal. O nuestro bien; en cualquier caso, es irremediable: estaremos ligados a nuestros recuerdos para siempre”. En 2014 se hablará del asesinato en Sarajevo del príncipe Francisco Fernando, heredero del trono austrohúngaro; de la batalla de Gallípoli, de la invasión germanoaustríaca de Serbia, de la batalla del Somme, que fue la más sangrienta del conflicto; de la entrada de EE.UU. en la guerra; de la retirada de las tropas alemanas de África del Este, de la paz de Brest-Litovsk; y de que, por fin, las tropas francesas logran romper toda la línea Hindenburg. 1914, año histórico. El primer centenario nos hará recordar la cruda realidad de las guerras. De los héroes militares, de los soldados de a pie, y de la vida desolada en las ciudades casi despobladas.

*PRESIDENTE DE TUSANTACRUZ