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Agadir – Por Juan Carlos Acosta

   

Un centenar de kilómetros de océano separa a Canarias de su punto de contacto más directo en el litoral del continente vecino, Tarfaya, en la región de El Aaiún-Bojador-Saguia el Hamra, Marruecos. Allí el Gobierno de Rabat está a punto de concluir las obras de su nuevo puerto, en el que operaba hasta 2008 la naviera Armas con su buque Assalama, que terminó encallado y acabó así con un enlace marítimo que en tan solo cuatro meses transportó 8.000 pasajeros y 4.000 coches desde, y hasta, Puerto del Rosario, Fuerteventura. La nueva infraestructura portuaria comenzará a funcionar otra vez a principios del próximo año y es un hecho que va a representar un puente, aunque no está claro si beneficiará más a nuestros vecinos que a nosotros. Lo digo porque justo encima, hacia el norte, se encuentra Sus-Masa-Draa, uno de los polos económicos más pujantes del reino magrebí, debido a su potencialidad agrícola, la primera del país; turística, a la vanguardia detrás de la legendaria Marrakech; pesquera, referente internacional de este sector, e industrial, con grandes planes de desarrollo para los próximos años. Su capital, Agadir, es una mezcla de ciudad para vacaciones, al estilo de las nuestras, con hoteles de lujo de cadenas multinacionales y negocios de restauración y ocio en torno a su playa de un kilómetro de arena blanca; un enclave pesquero, con un puerto abigarrado de grúas, barcos y pateras, y una comunidad extranjera que se mezcla con las costumbres musulmanas que aún no han sido cubiertas del todo con la pátina multicultural que transformó a Canarias en los último decenios. Este núcleo urbano de unos 600.000 habitantes dispone ya de 40.000 camas turísticas, que representan el 25% de la oferta nacional, con más de 5.000.000 de pernoctaciones y un millón de llegadas de visitantes al año, que entran por los tres aeropuertos de la región. Además están en plena construcción siete nuevos complejos residenciales, que sumarán unas 13.000 camas más, y un campo de golf de 18 hoyos. Su industria agroalimentaria mueve 930.000 toneladas de productos transformados de la tierra al año, de los que un 44% están destinados a la exportación, aparte de un millón y medio de toneladas de hortalizas y cerca de 560.000 toneladas de cítricos. Entre sus planes industriales inmediatos destaca la construcción de tres cementeras, con capital francés, italiano y local, y una planta de acero de inversión hindú. Todo ello, más los ingresos pesqueros, con sus correspondientes factorías manufactureras, y la maquinaria de la construcción para acomodar a su creciente demografía, confieren a Sus-Masa-Draa un valor añadido global que ronda el 35%. Eso sí, son datos superficiales que describen una realidad contundente, tanto como la nuestra, aunque nos empeñemos en mirar hacia otra parte.

@Juan_C_Acosta