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Año nuevo, vida nueva – Por José Juan Rivero*

   

Desde los días previos al Fin de Año podemos observar cómo intentamos adecuar el comienzo del año entrante a una serie de estrategias aprendidas. Algunos echan mano del mundo mágico, acudiendo a rituales en muchas ocasiones hasta graciosos con los que intentamos atraer la suerte, puesto que pensamos que va a definir nuestro día a día a partir de las 12 campanadas. Así muchas personas creen que si escriben tres deseos y los pisan con el pie izquierdo, mientras levantan el derecho en el momento de tomar las uvas, eso les traerá buena suerte en el año entrante; otras personas piensan que metiendo algo de oro en la copa de cava mientras realizan el primer brindis del año, les traerá dinero en abundancia, o incluso cosas más simples pero que a veces generan verdaderos quebraderos de cabeza a la hora de tener que comprar ropa interior de color rojo para partir el año. De esa manera intentamos que el nuevo camino a emprender durante el año entrante sea propicio. Por otra parte, en estos días nos encontramos con una lista encadenada de nuevos propósitos a realizar a lo largo del año venidero, trazándonos nuevas metas en el vacío, que en un mes o dos no recordaremos, o son retos tan grandes y tendentes a que caigan en la desmotivación, ya que no parten de nuestra propia realidad, que nos veremos repitiéndonos antes de las campanadas: este año sí será el definitivo. Es curioso observar cómo esperamos a Fin de Año como fecha solemne para que nos ayude a acabar con una mala racha y comenzar con una nueva vida. Es como si el resto del año vivido no hubiera existido, sin valorar los buenos momentos vivenciados, sino que me posiciono desde una visión negativa en la evaluación de este año, pensando que el próximo tendrá que ser mejor, pero al final, con estas fórmulas, nuestro futuro tenderá a ser igual de incierto. No siendo conscientes de que esta situación la repetimos cada diciembre, atentando cada año contra nosotros mismos, contra nuestras propias competencias personales para ser artífices de nuestra vida.
Por ello, en primer lugar, debemos potenciar el optimismo en nuestro día a día durante todo el año, pero desde una realidad personal que me permita trazarme planes de vida en los que yo me sienta realizado y competente, lo que me permitirá fluir con mi vida, potenciando en mí la posibilidad de vivenciar cada momento como autor y artífice de mi bienestar, sintiendo mi vida como propia.

*PSICÓLOGO Y MIEMBRO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA POSITIVA
@jriveroperez