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Argentina paga desoír a Mandela – Por Gerardo Daniel Settecase

   

Los saqueos, las rebeliones policiales que los facilitan, y la inacción política para contener caos y fractura social en Argentina -ya repetitivas-, es consecuencia de que desde hace 30 años, cuando recuperara la vida democrática tras la última dictadura militar, no escuchó a Nelson Mandela: “Reconstruir sin perder la memoria”. Desde 1983 Raúl Alfonsín y sus sucesores, especialmente el matrimonio Kirchner, propiciaron la fractura social vía división de clases, un feroz enfrentamiento bipartidista, y la venganza vía juicios hacia quienes, por activa o por pasiva, participaron de dicha dictadura militar. Argentina y Sudáfrica padecieron iguales dolorosos pasados y padecen idénticas desigualdades sociales. Pero Sudáfrica no afronta estos caos por oír a Mandela, mientras que Argentina propició esta fractura “identificando” enemigos externos (acreedores privados y organismos financieros internacionales), e internos (partícipes de la dictadura, opositores del gobierno de turno, grandes empresas, clase media, productores agropecuarios y exportadores) para justificarla.

El saldo, pese a los subsidios con emisión de moneda sin respaldo y endeudamiento externo que solo generan elevada inflación, es una fuerte fractura social fomentada por gobiernos centrales a través de la distribución de impuestos nacionales de modo extorsivo, destruyendo gobiernos provinciales y municipales en manos opositoras, al restarles fondos para pagar deudas y mejorar salarios. “Reconstruir sin perder la memoria”, implantó Mandela. Argentina no escuchó: abrió una caza de brujas contra responsables civiles y militares de la última dictadura, implantó la división de clases y resucitó la lucha entre radicales y peronistas, infectando en su pueblo el veneno de la venganza y la fractura que Madiba evitó infectara las venas del suyo. Por ello, cíclicamente se repiten saqueos, muertos y acefalía política. No hay peor sordo que el que no quiere oír. Los políticos argentinos no quisieron oír a Mandela, y Argentina y su sociedad pagan las consecuencias.