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Beben y beben y vuelven a beber – Por María Fresno

   

No es la primera vez que un cargo público se ve involucrado en un caso de conducción bajo los efectos del alcohol. Lo ocurrido con el alcalde de San Juan de la Rambla, Tomás Mesa, por desgracia, no es ni será un caso aislado. Así, a la primera, se me viene a la cabeza la concejal de La Laguna Blanca Pérez, o el presidente del Cabildo de La Gomera, Casimiro Curbelo, que fueron pillados en similares condiciones; el último, en un local de alterne. Ambos continúan en sus puestos y Tomás Mesa no tiene ninguna intención de marcharse. Una concejal de Alcorcón dimitió la pasada semana por triplicar la tasa de alcohol permitida en sangre y arollar a una anciana. Aquí no. En realidad, lo que ocurre en Canarias es como una señal divina: paro, bancos, eléctricas, hambre, desahucios y encima políticos ebrios que, sin ninguna vergüenza, tras ser pillados continúan en su puesto como si nada ocurriera. Cogerse una turca o beber más de la cuenta, sobre todo en estas fechas, puede hasta estar consentido. ¿Quién no lo ha hecho? Yo la primera, pero ni soy cargo público ni pongo en peligro a nadie. Pero en lo que se equivoca el popular Tomás Mesa es en pensar que la cogorza que se cogió hace unos días forma parte de su vida privada, porque cogió un coche y puso en peligro al resto de personas que circulaban por la carretera. Tomás Mesa es un cargo público, para lo bueno y para lo malo, y luchó por llegar al puesto en el que está, de hecho apoyó una moción de censura contra la anterior alcaldesa, y como tal tiene que dar ejemplo público. No se puede tomar en serio a una persona que, de forma inconsciente, coge un vehículo sextuplicando la tasa de alcohol y pone en peligro al resto de los conductores. Pierde toda la credibilidad. Queda anulado políticamente. Sin embargo, en este país de pandereta, jamón y buen vino, esto pasa desapercibido y, después de la rabieta y crítica inicial, Tomás Mesa, como otros tantos cargos públicos, seguirá sentándose en el salón de plenos del Ayuntamiento legislando y dirigiendo la Concejalía de Servicios Sociales y Drogodependencia. Recuerdo con añoranza aquella ministra de Educación alemana que al descubrirse que copió en su tesis doctoral dimitió de forma fulminante. En Canarias, y en España, el verbo dimitir no se conjuga. En cualquier caso, si la corrupción, la mayor lacra de la democracia, mantiene a los políticos en su cargo sin ningún estupor ni carga moral, ¿de qué me sorprendo? Ilusa de mí.

@MariaFresno72
Blog de María Fresno