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Canarios con certificado de origen – Por Casimiro Curbelo*

   

Resulta difícil encontrar momentos de la historia de Canarias donde un Gobierno central haya mostrado tanto desinterés y tanta desidia con los ciudadanos españoles que viven a mil y pico kilómetros del resto del Estado. Algunos de los periodos más negros para las Islas se dieron cuando se arrebataron por decreto algunos de privilegios fiscales durante el reinado de Isabel II y con posterioridad en medio de la dictadura franquista. Eran tiempos que, por suerte, parecían superados y, sin embargo, ahora, en medio de la mayoría absoluta de derecha que tiene la responsabilidad de gestionar los asuntos públicos de este país, volvemos a vivir una nueva época oscura en lo que a vivir a tanta distancia del territorio continental se refiere. En una clara apuesta por el centralismo, los responsables del Partido Popular parecen haber decidido eliminar cualquier tipo de ayuda especial o consideración que pudiera haber tenido el Archipiélago canario. Han demolido nuestros planes de carreteras (único sistema por el que funciona el transporte interior en las Islas); han deteriorado nuestro transporte interior, han aplicado la peor política de tasas aeroportuarias desoyendo a los canarios, y nos han reiterado o recortado ayudas que van desde el agua desalada a la producción de electricidad. Son muchos los asuntos relegados pese a resultar de vital importancia para nuestra región, y uno más se produjo la pasada semana en el Senado. Los representantes del PP, incluidos los senadores de Canarias, decidieron que los ciudadanos de las Islas sigan teniendo que demostrar con un certificado de residencia -no siempre gratuito- que viven donde su carné de identidad dice que viven. Como una compañía aérea fue denunciada en su día por hacer fraude con la subvención a residentes, los gobernantes populares han pasado a considerar como presuntos delincuentes a todos los habitantes de Canarias, sin tener en cuenta las incomodidades, el gasto y las molestias que conlleva un trámite que nos remonta a los peores momentos del siglo pasado. Hoy en día existen suficientes métodos electrónicos para que una compañía pueda comprobar la residencia de un ciudadano. De hecho hay compañías en Canarias que ya lo hacen de forma automática, de manera que resulta innecesario el certificado de papel. Pero para el Ministerio de Fomento y para los senadores del Partido Popular, incluso para los que son canarios, parece ser importante mantener el símbolo impreso que bien puede ser entendido como un pequeño “castigo” para los canarios. El demonio está en los pequeños detalles. Así cada vez que tenemos que viajar a Madrid o a cualquier otro punto de nuestro territorio nacional sabremos que vivir en estas Islas tiene un precio. Y si el viaje es por una urgencia, el precio, bien lo sabemos los que aquí residimos, puede ser muy, pero muy alto. Durante años, los gobiernos de la democracia han invertido miles y miles de millones en las redes de transporte peninsular. Gran parte del milagroso desarrollo económico de España se debe a las nuevas infraestructuras. Dos mil kilómetros de redes de alta velocidad, en las que se han puesto más de cincuenta mil millones de euros; grandes autopistas que cruzan la geografía española interconectando comunidades y creando un pasillo hacia Europa. ¿Y en Canarias? En estas Islas seguimos rodeados de agua y, lamentablemente, rodeados también de olvido por todas partes.
Viajar por el interior de nuestra comunidad autónoma o dar el salto al territorio continental se empieza a convertir en un lujo al alcance de poca gente. Y si la posibilidad de viajar resulta muy costosa para los que viven en Tenerife o Las Palmas, para quienes tenemos nuestra residencia en cualquiera de las cinco islas que no son sedes de las capitales del Archipiélago, el viaje se convierte a veces de una tortura larga, tediosa y, sobre todo, muy cara.
Resulta difícil encontrar una etapa en la que hayamos padecido tanta desconsideración, tanta falta de miras, tanta falta de atención por parte de quienes viven y trabajan en esa capital llamada Madrid, y a los que, pese a todo, tenemos que apelar una vez más, y cuantas sean necesarias, para que se acuerden de que Canarias también es España. Hagamos desaparecer todos los gestos que llevan al descontento de las comunidades autónomas.

* PRESIDENTE DEL CABILDO DE LA GOMERA