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Carlo Morici: “Podemos llegar a ser el mejor jardín botánico de palmeras del mundo”

   

Carlo Morici Palmetum

Carlo Morici, biólogo experto en palmeras. | FRAN PALLERO

YAZMINA ROZAS | Santa Cruz de Tenerife

Carlo Morici ha visto plantar a todas y cada una de las más de mil especies que hay en este momento en el Palmetum de Santa Cruz de Tenerife. Este biólogo experto en palmeras, de origen italiano pero que se licenció en la Universidad de La Laguna (ULL) y lleva ya 17 años en la Isla, ha trabajado en el proyecto de este jardín botánico desde prácticamente su comienzo. Desde el año 1996 ha estado implicado en el nacimiento de este parque, cuando solo era un vertedero, y el desarrollo y altibajos de este espacio que, por fin, está cada vez más cerca de su apertura oficial, tras el éxito de las visitas guiadas de estos dos últimos meses.

-¿Qué hace especial al Palmetum y lo diferencia de otros jardines botánicos?

“Es único en sí mismo a nivel europeo. No se puede comparar con nada por el clima subtropical, por la especialización en las palmeras, por el emplazamiento urbano y marítimo tan increíble y por ser la recuperación de un vertedero. Las palmeras son las estrellas, y tenemos también especies de ambientes costeros, de sabana y de lugares algo áridos. De las especies de montaña, que requieren climas más frescos, mantenemos lo justo para, porque la mayoría de las que hay son plantas muy adaptables a este clima. Además, la selección de especies ha sido tan acertada que la incidencia de plagas es mínima. Hay también unos hitos ecológicos a mencionar, somos un parque completamente sin plaguicidas, ecológico, usamos agua depurada y para el acabado de la superficie usamos los triturados de los residuos de las podas. Es el único en España en hacer esto”.

-¿Cuáles son los retos de transformar una montaña de basura en un jardín como este?

“El reto es la lentitud, porque hubo que esperar años para que el vertedero se fuera asentando y las plantas se adaptaran. La emisión de temperatura fue un problema en los primeros años, porque había puntos negros donde el calor era excesivo y las plantas no arraigaban. Pero desde 2000-2002 ha ido menguado la emisión de gases y hemos podido plantar sin límites en toda la superficie”.

-¿Cómo se logró?

“El vertedero se dejó y, con un sistema de desgasificación, se proyectaron 21 pozos que llegan hasta el corazón de la montaña y chupan los gases antes de que salan por sí solos. Así que la montaña está desgasificada y no huele. Pero el peor reto no tenía nada que ver con el vertedero, sino con las condiciones costeras de la montaña”.

-¿En qué sentido?

“Las palmeras no morían por los gases, sino por el viento y la sequedad del aire. Hizo falta esperar más de diez años para que las pantallas corta vientos, formadas por árboles, crecieran y se creara un entorno sin viento y con humedad, y que se instalaran las aves y los insectos y el suelo cogiera vida”.

-¿En qué porcentaje de desarrollo se encuentra el Palmetum?

“Al 60%. Estamos a mitad de camino de ser los mejores del mundo, lo que no está nada mal. Tenemos la mitad de las especies y la mitad de la superficie perfectamente acabada. Hay cosas que nos colocan en el estrellato, porque tenemos plantas que solo se cultivan en su isla nativa y aquí, y esto es un arma de propaganda sin par”.

-¿Y qué es lo que queda por hacer?

“Tenemos grandísimas asignaturas pendientes. El museo etnográfico, que es un edificio inmenso con una colección espectacular de objetos hechos con palmeras, es imposible de abrir ahora mismo. Hay espacios muy nuevos y muy brutos aún, como la zona de Borneo y de la Nueva Guinea. También tenemos las pistas que dan hacia el mar sin acondicionar, y son kilómetros de vistas impresionantes; hay un espacio inmenso donde podría haber una cafetería. Y, sobre todo, las actividades y la dinamización en sí. Si hemos llegado hasta aquí es por la diversidad de especies, y hay que darles valor dinamizándolas. Por ejemplo, tal vez ahora sea más importante tener una buena web que terminar ya el museo, por la diferencia de presupuestos y la inmediatez de los resultados”.

-Tras 17 años de trabajo, ¿qué se siente al ver reconocido el esfuerzo en el éxito de las visitas?

“Es una gran satisfacción. El ciclo de visitas ha tenido un éxito innombrable, con tres semanas de antelación ya se llenó el cupo de plazas. Y lo asombroso para mí es que realmente han disfrutado de las plantas. De las visitas ha salido claro que el nexo con los santacruceros tiene que pasar por los niños y los mayores, y puede haber perfectamente espacios específicos para ellos”.

-¿Considera que tendrá el mismo éxito entre los turistas?

“Tenemos la absoluta certeza de que lo será, porque Santa Cruz carece del rincón tropical que el turista desea y el Palmetum puede ser perfectamente la primera parada de la visita de un día a la ciudad. Se podrían organizar muchísimas actividades más allá de la colección botánica propiamente dicha, como visitas con distintas duraciones o se podrían ligar a la gastronomía, hacer rutas por la noche… Desde sus inicios, en 1995, se ha planteado hacia la industria turística para poder mantenerse, como un parque de bajo mantenimiento y capaz de autosostenerse”.

-¿Estamos ya a las puertas de su apertura oficial?

“Una parte se puede abrir, el núcleo más llamativo está, es solo cuestión de organización. Pero también hay que entender la apertura como el día cero para empezar a trabajar, porque será al cabo del tiempo cuando se verá que las cuentas salen, que se puede plantar más, recuperar lo perdido e ir más allá”.

-¿Quizás la crisis ha paralizado el proyecto?

“La crisis es un momento de reflexión, de valorar lo que se tiene hecho y de espabilarse. Y creo que abrirá justo ahora por eso”.