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Doris Lessing – Por Luis Ortega

   

Desde su juventud se propuso la sinceridad como forma de vida y medio de comunicación y, con esas herramientas, cosechó todos los grandes premios en lengua inglesa y francesa. “Es una circunstancia que me encanta; me gustan las competencias y las victorias, porque estoy harta de falsas humildades”. En su casa londinense se encuentran una veintena de trofeos, pergaminos y estatuillas – el Premio Catalunha 1999 y el Príncipe de Asturias de 2001, incluidos – y, frente a la legión de admiradores y admiradoras, sobre todo, tuvo acérrimos enemigos, críticos que trivializan su literatura directa y popular y, a lo peor, su radicalismo y rebeldía insobornable. Doris Lessing (1919-2013) nació en Irán, donde su padre cumplía funciones militares y, desde sus primeros textos, comprometió su biografía con una obra iniciada en 1950 con Canta la hierba y la pentalogía Hijos de la violencia. Su consagración capital llegó con El cuaderno dorado (1962), un deslumbrante e irónico análisis de la personalidad y creatividad femenina. Se convirtió desde entonces en una de las personalidades más influyentes del Reino Unido y en una líder internacional de las reivindicaciones sociales. Con los adjetivos de anticolonialista, comunista y pacifista, que llevó con orgullo, fue una candidata recurrente al Nobel, que le llegó “seguramente por constancia y cansancio de la Academia sueca” en 2007, cuando había superado los ochenta y ocho años y batió el récord del premiado con mayor edad. La fascinación y respeto por la identidad de las las culturas ajenas, la injusta distribución de la riqueza, la explotación colonial y el apartheid, tratados con valentía y originalidad, convirtieron sus libros en best sellers y sus opiniones en titulares de prensa que no dejaron tranquilos ni a sus partidarios ni a sus detractores. Su inquietud y vocación experimental la llevaron también a ensayar en otros géneros, fuera de la poesía, el relato y el ensayo, como el teatro y los libretos de ópera. Entre lo más destacado de su producción está La costumbre de amar (1957), Cuentos africano” (1965), Instrucciones para un viaje al infierno (1971), Memorias de una superviviente (1974), Diario del buen vecino (1983), donde narró las tribulaciones de un autor novel para encontrar editor; La buena terrorista (1985), El viento se llevará nuestras palabras (1987), El quinto hijo (1988), Historias de Londres (1992) y La grieta (2007), que cierra su bibliografía. En 1999 dejó a la Reina Isabel plantada al rechazar la dignidad de Dama del Imperio Británico “por la simple razón de que no existe”.