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El duque de Palma – Por Sergio García de la Cruz

   

Cuando leo este título nobiliario me cuesta saber a quién se refiere y esto es así porque sencillamente no existe. Nadie cae en ese detalle y, sin embargo, este título nobiliario se lo atribuyen a Iñaki Urdangarin Liebaert, por ser el esposo de S.A.R. la infanta doña Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia desde 1997. Pero esto es un error.
El 26 de septiembre de 1997, S.M. el rey don Juan Carlos se lo concedió a su hija con carácter vitalicio, es decir, dicho título solo existirá mientras ella viva y que será eliminado con su fallecimiento, sin posibilidad de transmisión. El título de duquesa de Palma de Mallorca lo ostentará solo ella. El uso de títulos de nobleza, pertenecientes a la Casa Real, solamente podrá ser autorizado por el titular de la Corona a los miembros de su familia. Tal otorgamiento de dichos títulos tendrá un carácter graciable, antepersonal y vitalicio. Esta gracia fue dada como prueba de su afecto y por su futuro matrimonio, que se celebró una semana después. Sobre este título que de manera generalizada se la ha atribuido a Iñaki Urdangarin se han pronunciado muchas voces en el sentido de que el rey debería retirarle inmediatamente dicho título, acción motivada por el descrédito causado ante los numerosos delitos que se le imputan, pero lo cierto es que ni el rey ni nadie puede retirar un título que no se posee. El uso o atribución es un ilícito penal.

Los títulos nobiliarios fueron abolidos durante la II República, pero se restauraron de nuevo por Francisco Franco en su régimen totalitario. Hoy en día tienen su amparo constitucional y es el rey quien tiene esa prerrogativa, por otra parte, el papa también puede concederlos.

En la actualidad existen en España unos tres mil títulos, repartidos entre unas dos mil doscientas personas, de los cuales cuatrocientas tienen la consideración de grandes de España. El uso de estos títulos conlleva el pago de impuestos. Una pequeña parte de ellos están pensionados, pero en general la gran ventaja es que da un toque de distinción y muchos recurren a diversas artimañas para hacerse con uno. Muchos acudían a San Marino en busca de uno, hasta que esta república lo prohibió; unos hacen uso de falsificaciones; otros los buscan a través de títulos pontificios. En definitiva, solo se expiden autorizaciones de uso de títulos extranjeros que tengan una significación valiosa para España en el momento de la solicitud, que deberá ser apreciada como tal por la Diputación de la Grandeza y el Consejo de Estado.

Lo normal en la actualidad es que la vía de obtención sea mediante herencia y concepciones del rey, que se han incrementado en las personas que han realizado méritos de tipo artístico, futbolístico e incluso grandes empresarios o políticos. Canarias no es de las comunidades autónomas más agraciadas en este sentido, lo títulos que aquí se han obtenido datan de siglos pasados, como por ejemplo el de condesa de Rodríguez de Azero y Salazar de Santa María de Abona otorgado a María de las Mercedes Rodríguez de Azero o el marqués de Arucas concedido a Ramón Madan y Uriondo Cambreleng y Duggi.
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