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Feliz Navidad – Por Juan Pedro Rivero

   

A todos ustedes que detienen los ojos en esta página para leer estas reflexiones, opiniones, sugerencias…, muchas felicidades de corazón. A todos los que mantienen una fidelidad sencilla y libre a la lectura de estas letras que van naciendo del fondo de mi alma, a veces de mi hígado, al ritmo del acontecer, muchas felicidades. Feliz Navidad para todos. No nos acostumbremos a desear inconscientemente la felicidad en Navidad. Claro que es una costumbre; una buena costumbre. Pero eso no significa que nos debamos “acostumbrar”. Yo no me quiero acostumbrar a decirlo, a hacerlo de boquilla, como decimos hola o adiós, como un saludo rutinario. Desearle a los demás que tengan una vida dichosa y feliz no es poca cosa. Es un buen deseo. Envueltos como a veces estamos en engañosos anhelos y en mentiras entrañables que revestimos educadamente de nobleza, desear el bien ajeno es un acontecimiento. Con esta novedad y con plena consciencia, quiero desearte una feliz Navidad. Y quiero, por coherencia con las palabras y mis sentimientos, exponerte el contenido de este deseo: deseo para ti, especialmente, que tengas la dicha de encontrar el sentido de la vida y la razón de ser del hecho inaudito de existir. Deseo que te sientas bien contigo mismo, con aquellas gotas mínimas de la insatisfacción que no nos permiten permanecer estáticos y nos empujan a seguir creciendo, pero feliz de ser tú mismo y de sentirte como pez en el agua dentro de tu misma piel. Deseo que llegues a casa y te sientas en tu hogar; lugar que se construye, que se edifica sobre el principio de la gratuidad y del amor generoso y fiel. Deseo que te sientas realizado en tu trabajo, aunque no sea el que deseas o no lo valoren como debieran. Deseo para ti la dicha de sentirte amado hasta el tuétano, y que ames como es capaz de hacer tu corazón humano. Y sobre todo, deseo que experimentes la dicha de un amor infinito e incondicional. Ese amor que buscamos atormentadamente desde siempre y que -¡oh sorpresa!- se ha envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Ese amor tan infinito como histórico, tan universal como concreto, tan total como personal, que resulta complicado narrar pero que deseo de corazón lo encuentres o lo acrecientes. De verdad, de corazón, conscientemente, te deseo felicidades en esta Navidad recién estrenada.

*RECTOR DEL SEMINARIO DIOCESANO | @juanpedrorivero