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Gracias, Tony – Por Juan Manuel Bethencourt

   

Para qué quería José Luis Rodríquez Zapatero hacerse acompañar por Tony Blair en la presentación de su libro sobre la presidencia, titulado El dilema. Sin duda fue por el gancho mediático del personaje y el atractivo de su presencia desde la perspectiva promocional. Desde luego, si Zapatero quería ponerse el traje de estadista, no pudo haber elegido peor complemento. Blair, el alabado y denostado primer ministro capaz, eso sí, de mantener al Partido Laborista británico en el poder durante una década, es sin duda uno de los políticos más hipócritas en la Europa del último medio siglo. Su éxito político, mediático y ahora también económico es inversamente proporcional al peso de sus convicciones. Es por tanto, un destilado de la nueva política líquida, a la que también, en tono menor, pertenece el exlíder socialista español. “Gracias, Tony, por enseñarnos el camino”, llegó a decir Zapatero en la devolución de halagos perpetrada en dirección a su amigo -que, por supuesto, también lo es de Aznar-. Gracias por enseñar el camino hacia ninguna parte de una socialdemocracia desnortada que ahora ha perdido su sitio en el debate democrático del Viejo Continente, y que busca referencias en otras latitudes, como por ejemplo en Latinoamérica, porque en casa se han acabado las ideas y las banderas propias están hechas jirones. Las grandes corporaciones compraron a la socialdemocracia a precio de saldo, muy ventajoso, eso sí, para sus próceres, con el mentado Blair y el alemán Gerard Schroeder como principales representantes. Dado que a esta escuela pertenece Zapatero, puede entenderse su empeño por seguir posando junto a semejantes compañías y recoger migajas en forma de elogios precocinados. A Tony Blair no le costó nada afirmar que Zapatero, al modificar radicalmente su política económica en mayo de 2010, pasando de la “respuesta social a la crisis” a la dictadura de la prima de riesgo, y todo sin producir explicación ni autocrítica alguna, “superó la prueba de fuego del liderazgo”. Para los políticos como Blair, se puede defender una cosa y la contraria con una semana de diferencia, sin hacerse preguntas uno mismo ni dar respuestas a la sociedad, pues en los nuevos formatos de la política líquida sí es verdad que dos errores constituyen un acierto. Tras un prudente y astuto silencio, Zapatero vuelve ahora para ofrecer su versión de los hechos, una versión sin duda interesada y autoexculpatoria, entorpecida por el ejercicio idéntico de su exvicepresidente Pedro Solbes, que también pretende salvarse de la quema y para ello tira por elevación. No se recuerda a un gobernante (Robert McNamara, el artífice de Vietnam, es la excepción) capaz de escribir un libro hecho confesión de sus errores; eso sí que sería superar la prueba de fuego del liderazgo.