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José María Gil Tamayo – Por Luis Ortega

   

Que Dios los perdone a todos, dijo este sacerdote y periodista del Opus Dei al amplio bloque del plenario episcopal tras su elección para ocupar la secretaría de la Conferencia Española sobre la que flotan, para satisfacción de muchos sacerdotes y fieles, vientos de progreso. El proceso dejó evidencias incuestionables sobre el ocaso del otrora poderoso Rouco Varela, alguna perla maliciosa del sustituido Martínez Camino -“No sé quién será mi sucesor, pero les aseguro que no será una mujer”- y los deseos de renovación de la mayoría de los mitrados que triplicaron sus votos al candidato sugerido por Roma frente al obispo de Guadix, propuesto formalmente por la Permanente. Hombre de trato cordial, el extremeño José María Gil Tamayo (1958) fue responsable de la programación religiosa de Televisión Española y Radio Nacional, director del Secretariado de la Comunicación de la CEE e interlocutor de los medios de habla hispana durante el cónclave que eligió al papa Francisco para abrir nuevos rumbos al catolicismo del siglo XXI. Amigo de Federico Lombardi y con excelentes relaciones personales con el entorno del pontífice argentino, algunas fuentes de organizaciones vinculadas al cesante cardenal-arzobispo critican -no es ninguna broma- su adscripción a la Obra, pero nadie con un mínimo de información y buena fe puede cuestionar su sólida formación, su fidelidad al mensaje y el compromiso de Jorge Bergoglio y la permeabilidad que los seguidores de la fundación de Escrivá de Balaguer tienen a las órdenes y los rumbos vaticanos cuando son distinguidos con altas dignidades y funciones. Mientras Martínez Camino -un jesuita ahora mismo desubicado-espera un destino incierto en alguna diócesis modesta, a Gil Tamayo le aguarda la tarea de difundir el mensaje evangélico en una sociedad castigada por la crisis económica, la desafección a las instituciones y el desencanto, y unos difíciles cometidos ordinarios como ejercer de enlace entre los órganos del episcopado y los prelados o celebrar reuniones frecuentes con los directores de los secretariados de las distintas comisiones. Lo que se puede anticipar, con escaso margen de error, es un giro copernicano en las relaciones Iglesia-Estado. Será difícil que se repitan las colisiones abiertas con los gobiernos de izquierdas y las exigencias directas a los de derechas protagonizadas por Rouco, su lugarteniente Camino o carcas francotiradores de provincias. Y esa paz y respeto serán buenos para dos instituciones necesarias pero con distinta naturaleza y objetivos.