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Males del tiempo – Por Leopoldo Fernández

   

Concluyen las lluvias, se aleja el temporal y, como siempre ocurre, llega lahora del análisis, el balance de daños y sus efectos en las infraestructuras urbanas e interurbanas. En unas islas como las nuestras, con tan peculiar orografía y tanta laxitud y relajo a la hora de aplicar con rigor las normas legales más básicas, sobre todo en materia urbanística, resulta inevitable que los bienes destruidos o perjudicados sean numerosos. Se construye en cauces de barrancos con total impunidad, se realizan obras públicas sin el mejor cuidado y esmero, las confluencias de zonas urbanas con distintas vías de comunicación se terminan sin la obligada profesionalidad, determinados puentes y enlaces de carreteras -el escandaloso caso de Guaza clama al cielo por su reiteración- propician en ocasiones verdaderas lagunas que impidenel tránsito en cuanto caen cuatro gotas porque -en el colmo de la desidia y la falta de previsión- se olvidan los desagües o cuando existen resultan insuficientes, el alcantarillado no se revisa o limpia periódicamente como Dios manda… Se podrían relatar cientos de irregularidades que por sí solas son una muestra indeseable de la chapucería que nos azota. Luego, cuando llega la tragedia o el daño se muestra inevitable, vienen las críticas, los lamentos y toda la secuela propia de la falta de medidas preventivas. Es natural que la ciudadanía reclame la mejor conservación posible de las infraestructuras públicas, una prevención de riesgos a tono con los tiempos que vivimos y un manejo adecuado de cualquier tipo de contingencia, incluidos los apagones eléctricos. En general, las autoridades han cumplido a la hora de prevenir, informar y determinar las medidas más aconsejables en cada momento, a tenor de las siempre complejas previsiones meteorológicas. A la vista de pasadas experiencias, resulta más aconsejable excederse en las cautelas que quedarse corto. Aunque en esta ocasión quizás se han suscitado ciertas alarmas y temores, lo que dio pie al cierre de comercios y actividades varias, así como a la suspensión de clases en centros escolares y universitarios y de los quehaceres de la administración de justicia. En este caso, con el agravante de que el miércoles en Tenerife se dispuso, contra toda lógica, cerca del mediodía, provocando así los perjuicios derivados del aplazamiento arbitrario de juicios y comparecencias. Una vez más, una tormenta relativamente modesta ha revelado el mal estado de conservación de algunas viviendas y muros, así como de parte de la red de carreteras de Tenerife y el escaso mantenimiento de parques y jardines, alcantarillados, señales de tráfico y bordes de vías públicas. Por desgracia, lo mismo de siempre.