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Midas negro – Por Juan Carlos Acosta

   

Hace tiempo que vengo barruntando hablar sobre él. Es una figura que ha ido agigantándose con el tiempo a través de múltiples referencias que salen al paso cuando uno intenta saber algo más sobre África, no la de las guerras, las hambrunas, las dictaduras o la del atraso que tanto nos gusta a los occidentales resaltar en nuestros medios de comunicación (quizás también para consolarnos porque es más pobre, primitiva y corrupta que nosotros o, cosa bien difícil, que nuestros políticos de turno), sino la África real, la que camina y progresa, la que se levanta todas las mañanas para coger el coche e ir a trabajar a través de las autopistas o por las calles atestadas de movimiento, de mercancías y de gente, como las de todo el mundo; personas que buscan lo de siempre, el bienestar, un hogar, el colegio o las universidades para los hijos y la paz. Y es que me niego a seguir tratando al continente como si fuera un orfanato ni a los africanos como parias que deben ser defendidos o enseñados a tener modales en la mesa, en los parlamentos o en los gobiernos; no mientras sepa que mi país forma parte de una porción de la Humanidad que con su indolencia apoya un sistema económico genocida. En cualquier caso, su nombre, el de él, aparece relacionado a los grandes movimientos de capitales, con pactos billonarios y con imponentes operaciones de inversión, pero también con causas humanitarias e iniciativas sociales, eso sí, profusamente, de tal forma que ya es considerado por muchos como una especie de rey Midas negro que todo lo que toca lo convierte en oro. Pero no es el ejemplo de una riqueza alcanzada por un golpe de suerte o, al menos que se sepa, por tráfico de armas, drogas o personas, sino al parecer por pertenecer a una familia que inició la senda de los negocios a principios del siglo pasado con la producción y exportación de nueces de cola, tal y como comenzaron con otras mercaderías sagas como los Rockefeller o los Rothschild. Sin embargo, Aliko Dangote, nacido en 1957 en Kano, Nigeria, toca ya hoy todos los palos y lo mismo fabrica cemento que ropa o alimentos o comercia con las nuevas tecnologías. El magnate ha dicho que, si bien ni él ni sus predecesores han mantenido nunca contactos con la política, sí que le interesa que los gobiernos sean sólidos y seguros para poder seguir haciendo lo que más le gusta, negocios. Hoy he querido hablar de Dangote no porque simpatice con los ricos, ni de allí ni de aquí, pues de alguna manera tengo para mí que lo que a unos les sobra a otros les falta; sino porque es un ejemplo de que África no es distinta al resto del mundo y que industriales como él comienzan a decidir en un continente que no tiene que ir a buscar sus materias primas a las antípodas, porque están bajo el suelo del garaje.