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Modus Operandi: VIH – Por Sergio García de la Cruz

   

Aún perdura el relato que todos hemos escuchado alguna vez, en sus diferentes variantes, desde el que comienza con una bonita historia romántica de una adolescente, hasta el que vive una experiencia loca con una desconocida, pero todas finalizan con un mismo nexo común, el despertar solo en una habitación y encontrar escrito en el espejo del baño: ¡Bienvenido al club del sida!
Si bien es cierto que el relato anterior no deja de ser una simple leyenda urbana, no es menos cierto que los tribunales españoles han tenido que ejercer la potestad jurisdiccional en muchos casos de contagios. Si nos remontamos al Código Penal Español de 1973, podemos ver como este condenaba en su artículo 348 bis al que maliciosamente propagare una enfermedad transmisible a las personas. Este artículo fue excluido cuando entró en vigor el actual código penal de 1995, ya que hacía que en la mayoría de las situaciones fuera inaplicable al exigir para ello dos circunstancias como eran la propagación de la enfermedad y que esa propagación fuese “maliciosa”. Este en la actualidad se suele condenar como un delito doloso de lesiones graves o causadas por imprudencia grave, según sea el caso. La investigación de este tipo de delitos se hace dificultosa al no poder determinar exactamente quién ha sido el autor. Un caso de contagio que dio mucha luz en este sentido y que pasó a la historia, principalmente por su valor criminológico, fue el ocurrido en el Estado de Luisiana en 1994, en este una mujer decidió poner fin a su relación con su pareja, un médico de la localidad el cual habitualmente le aplicaba desde hace años una inyección de vitaminas, siendo la ultima el 4 de agosto de 1994. Ella en enero de 1995 descubrió que era portadora del virus del sida. Pero, ¿cómo se desarrolló la investigación ante la acusación de ella hacia él?

Ciertamente fue complicada, máxime cuando él no era portador del virus, la clave fue la utilización del análisis filogenético del ADN de varias cepas del virus del sida. Se trataba de comprobar si la cepa que la infectó provenía de uno de sus pacientes. Para el estudio se analizaron cientos de muestras junto con la del paciente. El resultado incriminó al médico, el ADN de la cepa que la infectó fue el más cercano al del paciente. Efectivamente, aprovechó la inyección de vitaminas para inyectarle su sangre.

En la actualidad el sida resurge de nuevo ante la alerta realizada por la Universidad de Lund, en Suecia, quienes han descubierto una nueva cepa del VIH, que es la fusión de las dos cepas más comunes en Guinea-Bissau, y que se desarrollan a una velocidad extremadamente rápida. Hasta la fecha de las 60 cepas existentes de este virus, cuando no se administra el tratamiento la mayoría tardan más de 5 años en desarrollar la enfermedad.

www.sergiogarciacruz.com