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“No lo justifico por las drogas, pero estaba drogado y era él o yo”

   

juicio asesinato barrio de San Isidro en Granadilla de Abona

En primer término, el acusado de matar a un varón de 41 años. / F. PALLERO

TINERFE FUMERO | Santa Cruz de Tenerife

El acusado de ser el autor de los delitos de asesinato y robo con violencia por hechos acaecidos en marzo del año pasado en San Isidro (Granadilla de Abona) aseguró ayer, como se preveía, que mató a la víctima, un hombre de 41 años, en legítima defensa. “Yo lo hice, fui yo y no lo justifico por drogas pero estaba ese día, pero era o él o yo”, respondió ayer a preguntas de la Fiscalía durante la primera jornada del juicio con tribunal de jurado popular que celebra la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife.

Cabe recordar que la Fiscalía solicita 20 años de prisión por estos hechos a cuenta del delito de asesinato, mientras que es la acusación particular (que representa a la madre del fallecido) la que eleva tal solicitud a 25 de cárcel, dado que añade otros cinco por un delito de robo con violencia. El crimen, que ya fue reconocido por el ahora acusado cuando se le arrestó, tuvo lugar en una vivienda de San Isidro.

La víctima, un varón de 41 años, murió por un golpe con una botella de vidrio en la cabeza y posteriormente con un cuchillo se le realizó una herida inciso contusa en el cuello. A este respecto, el acusado dijo ayer que fue atraído a la vivienda por la promesa de una ingesta de drogas que luego no se produjo, y que en un momento determinado la víctima cerró la puerta de la casa y se abalanzó contra él, cogiéndole del cuello. Fue entonces, siempre según su versión, cuando cogió la botella de la mesa y le propinó el golpe que resultó mortal en la cabeza del infortunado. En cuanto a por qué le propinó luego el corte en el cuello, dijo que no lo tenía muy claro, dado que no recuerda con claridad lo sucedido, aunque declaró que también estaba en la mesa.

En la reconstrucción del crimen que hace suya la Fiscalía se logró ubicar a la víctima subiendo horas antes a un taxi (lo confirmó ayer el taxista), procedente de la zona de Las Verónicas (Arona), en compañía de una segunda persona que no pudo ser identificada en ese momento. El taxi se dirigió a San Isidro, dejando a los ocupantes en una zona próxima a la casa donde luego se le encontró. En realidad, se trata de un segundo domicilio de la víctima.

Pero la clave de la investigación llegó gracias a que se logró localizar el teléfono del fallecido, el cual había sido adquirido por un ciudadano que, desconociendo su procedencia, lo había comprado a una persona que hasta ese momento no había sido identificada. A este respecto, el acusado manifestó que el móvil se lo había regalado la víctima ya en Las Américas, mientras que negó haberse llevado 50 euros de la casa.

Durante la declaración del acusado se recordó que fue a mediados del mes de octubre de 2012 (el crimen fue el 14 de marzo fue ese año) la Guardia Civil lo interrogó sobre este crimen cuando se encontraba preso en el Centro Penitenciario de Tenerife II desde julio de 2012.

El acusado dijo que la Guardia Civil había tergiversado su declaración de entonces, pero sí se ratificó en que confesó la muerte desde un principio. Aseguró que lo hizo porque le “pesa en la conciencia”. “El muerto no era trigo limpio y quería contagiarme el VIH, pero yo nunca quise matarle, ni a él ni a nadie. Mis problemas han sido por robos, pero nunca imaginé que me vería aquí, pidiéndome veinticinco años de cárcel”, apuntó.

También reconoció que había vendido el teléfono del fallecido por el que finalmente se logró dar con él. A preguntas de la abogada que ejerce la defensa, el acusado explicó que consume alcohol y drogas desde la adolescencia, que cuando tuvo lugar el crimen era adicto a la cocaína y a la heroína y que, hoy en día, no toma tales drogas ni metadona, sino ansiolíticos y tranquilizantes.
El juicio se reanuda hoy con más testigos.