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Obras de reforma en la Casa común – Por Casimiro Curbelo

   

Una generación fue capaz de asombrar al mundo. Aunque muchos de ustedes sean demasiado jóvenes para recordarlo, este país vivió el paso de la noche más oscura de las libertades a la más hermosa mañana de la democracia. Eso que se llama la Transición Española, el paso pacífico de una dictadura a un sistema de libertades y derechos, ha sido estudiado y alabado en cientos de centros políticos y universitarios del mundo. Fue una demostración de inteligencia y de tolerancia por parte de toda una nueva generación de políticos que fueron capaces de desmontar, pieza a pieza, el antiguo régimen y dar paso a una Monarquía parlamentaria.

El fruto más importante de aquellos años es el texto de la Constitución Española de 1978. Un texto en el que se consagran conceptos defendidos por el socialismo europeo durante décadas, como la función social de la propiedad, la prohibición de discriminar en razón de raza, religión o sexo, el derecho al trabajo y, en general, una serie de principios de justicia social y de redistribución de la riqueza entre los ciudadanos.

Con esa Constitución, España ha vivido el más largo periodo de democracia y libertad de su historia. Pero aquel texto en el que se articularon los mecanismos esenciales de la transición, viene demostrando que necesita algunas importantes reformas. El acceso a la Jefatura del Estado no puede privilegiar la sucesión de hombres frente a mujeres, como así ocurre hoy en una flagrante contradicción de la norma constitucional, y el modelo de Estado de las autonomías definido en el Título VIII ha sido puesto en cuestión en numerosas ocasiones y necesita un proceso de refundación y consenso. Son sólo dos de las muchas revisiones que debiéramos haber producido sobre un texto tan importante para la vida de los españoles.

Quienes dicen que la Constitución es “intocable” olvidan que, por razones estrictamente económicas y de control del déficit público, se modificó el texto constitucional (artículo 135) a petición de la Unión Europea. La falta de voluntad para acometer una importante tarea de modernización de España busca cualquier excusa. Pero no es tiempo de cobardías.
Las tensiones territoriales que han terminado por explotar venían reclamando una respuesta inteligente desde hace mucho tiempo. La misma que fueron capaces de dar las mujeres y hombres que hicieron la transición. Frente al pesimismo de algunos, tengo una enorme confianza en que seamos capaces de reencaminar nuestros problemas y configurar de nuevo una convivencia en un proyecto de España que nos permita desarrollarnos y prosperar durante otro medio siglo.

Los socialistas españoles han lanzado una propuesta para reformar el Estado autonómico y definir las bases de un estado federal que permita el máximo techo de autogobierno de las comunidades históricas pero que mantenga la solidaridad entre los territorios españoles y el proyecto de un Estado europeo moderno, como es hoy España. Frente a esta propuesta, el Gobierno central que nos ha tocado la mala suerte de padecer, se atrinchera en el búnker de Madrid y responde a las convulsiones con amenazas, a las peticiones de reforma con inmovilizo y a los cambios con “aquí no se mueve un pelo”.
Los cambios no son malos, sino todo lo contrario. Los cambios nos hacen mejorar el pasado a partir de las experiencias adquiridas. Los cambios nos cambian y España necesita hoy algunos cambios importantes. Como una vieja casa familiar, que necesita pequeñas reformas, esta casa común que es la Constitución del 78 necesita algunas mejoras. Después del tiempo transcurrido, después de haber vivido felizmente bajo su techo, se las debemos. A ella y a todos los españoles.

Casimiro Curbelo es PRESIDENTE DEL CABILDO DE LA GOMERA