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Olvidada subjetividad – Por Indra Kishinchand López

   

Dicen que la objetividad total no existe, ni en el periodismo ni en la vida. Y es verdad. La objetividad mata el amor, silencia la verdad, destruye lo que es y no puede dejar de ser.

Nadie conoce mejor que usted las cosas que quiere. Sus virtudes y sus defectos se presentan claros en la mente; pero revelarlos, en el caso de que sea necesario, es una cuestión de valentía y honestidad. Valentía para admitir que no siempre somos lo que quisiéramos ser, que a veces incluso quienes más amamos cometen los mayores errores.

El problema de la subjetividad es que nos falta valor, y el de la objetividad es que nos sobra arrogancia. Esta nos convierte en máquinas, no sentimos, no pensamos, no queremos. Caemos en la trampa de juzgar sin conocer y, como tantas otras veces, representamos lo que despreciábamos.

El debate transciende la imparcialidad para concentrarse en la verdad. En el momento en el que un ser humano olvida su tendencia al bien y la verdad la consecuencia lógica es que la mentira pasa a un primer plano.