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Quietos y callados – Por Román Delgado

   

La acción política, administrativa y legislativa del PP en contra de las libertades más básicas en este país europeo y moderno que se autodenomina, no sin mucha baba, democrático (en las formas, sí, que no tanto en los hechos) pone los pelos de punta. La derecha ama la democracia, la aplaude, la eleva a los altares…, y hasta se la lleva de paseo, romería y verbena para exhibirla ante los ojos del pueblo considerado mediocre, que está claro que de democracia y libertades entiende poco o casi nada. Pobrecito. Es lo que debe pensar el ministro del Interior, Jorge Fernández, el promotor, como antes lo fue su colega en el área de Justicia, de una ley que mucho se asemeja a las vallas con cuchillas de Melilla. Fernández, que en esta acción legislativa sólo es la voz del sector del PP que más mea, ha dado un fuerte golpe sobre la mesa y ha mandado a callar, a quedarse quieta, parada, y muy en silencio, a la plebe. Según las imposiciones previstas, el anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana que el viernes pasado apoyó el Consejo de Ministros ya se conoce con el apelativo vulgar de norma mordaza. Y no es para menos, pues el texto en trámite, algo rebajado en sus pretensiones iniciales (más duras), plantea sanciones de entre 30.000 y 600.000 euros por si a usted se le ocurre “perturbar de forma muy grave la seguridad ciudadana”, o por si le da, porque está muy cabreado, por “la convocatoria por cualquier medio de cualquier convocatoria”, o por si en vez de todo lo anterior se le ocurre plantear una “reunión o manifestación no comunicada o prohibida en lugar que tenga la consideración de infraestructura crítica”. ¡Toma ya! Ha quedado claro, muy claro, señor ministro, tan claro como ya lo expuso incluso su colega Ruiz-Gallardón: aquí, que para algo está la mayoría en democracia, todos quietos, parados y callados, que eso de protestar ya ni es cosa de pobres. El PP la tiene cogida con los derechos más elementales, y será por algo. Hace nada los envenenó con cuchillas y ahora los remata con ley mordaza. Con la suma de tanta dosis de veneno, terminarán matando esta democracia enferma, inservible. No se dan cuenta de que así acabarán con la niña de sus ojos. Debe ser lo que algunos quieren; debe ser la añoranza.

@gromandelgadog