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Rondalla Renacer – Por Luis Ortega

   

El periodista que -para lo bueno, lo malo y lo que está en medio de ambos polos- ciñe sus columnas a las parcelas de la actualidad, que se significan y reconocen con sus nombres y apellidos, se le presentan, de cuando en cuando, protagonistas colectivos, actuaciones y méritos corales. Y le resulta imposible disociar estos grupos, personalizar en alguien, en cuanto todos comparten ideas, ilusiones e iniciativas y, dentro de las singularidades de cada cual, conforman un espacio de sincera integración, por encima de cualquier otra circunstancia que, en los periodos mediocres y aburridos que cargamos, son ciertamente ejemplares. Eso me ocurre precisamente con los viejos villanciqueros que, tras unos años de ausencia en las fechas navideñas por razones laborales y familiares, me sacudieron la memoria remota y el corazón con temas que, por dificultad técnica, comodidad o moda, habían desaparecido del repertorio popular de las numerosas y coyunturales agrupaciones que anuncian las Misas de Luz y adornan la Nochebuena de la capital y los municipios del interior. De aquel grupo que comenzó su andadura hacia 1998 y, poco después, grabó su primer cedé, nació, con seriedad, voluntad de permanencia y exigente perfeccionismo la Rondalla Renacer, un referente de un territorio donde la cultura -que no los culturetas- nos redimen de otras miserias y carencias. Acogida con empatía por los paisanos, esta agrupación, además de cumplir con el programa de los cantos estacionales -pascuas, carnavales, romerías y fiestas de verano- abrió su abanico temático y lo extendió a lo que, con fino humor, llamaba un tocayo “las músicas de entretiempo”. Además en los últimos años, y reclamados por los paisanos de fuera, se erigieron en embajadores de un cancionero, gloriosamente mestizo, que incluye aires de territorios españoles y americanos, adaptados al gusto isleño, con cuidadas instrumentaciones, y sensible a los matices y a las coralizaciones típicas de su tierra natal. En esa condición, acudieron, y acuden, a cuantos lugares del Archipiélago reclaman esas manifestaciones del imaginario popular que, por calidad y arraigo, están fuera del tiempo. Desde hoy y con villancicos de distintas latitudes, empezando por los originales de la isla de origen, pregonan la Navidad en sitios tan diversos como el Parlamento de Canarias, el Santuario del Cristo de La Laguna, y otros templos y sociedades recreativas de Tenerife.