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Saber escuchar – Por Indra Kishinchand López

   

La diferencia entre la obediencia y la opresión es que la primera se gana, como el respeto, y la segunda no es más que la falta de consideración y valentía. Puede resultar extraño que hablemos así del acto de obedecer; esta palabra significa en realidad “saber escuchar”. Si queremos provocar una reacción en alguien es tan fácil como sacar la verdad a la luz. En el momento en el que esas personas entiendan que somos y buscamos autenticidad, realizarán no lo que nosotros queremos, sino lo que ellos quieren. ¿Cómo invitar a un individuo a llevar a cabo una acción sin explicarles el porqué? Puede ser que los gobiernos se hayan olvidado de este punto. Oprimen a sus pueblos porque otorgar razones dignas para cumplir la ley es demasiado complejo. Olvidan a sus ciudadanos porque creen que después del voto se acaba la responsabilidad y solo viene el poder. Fingen preocupación cuando la verdad es que su única inquietud es crear excusas para que obedezcamos, y solo nos oprimen. Lo que me perturba realmente es que la relación entre ciudadano-Estado se convierta en España en un cruce de mentiras, en un ataque constante y silencioso que poco a poco vaya erosionando lo que muchos han tardado años en construir, y lo que muchos queremos seguir construyendo durante años. Lo que me preocupa es que empecemos a desobedecernos, porque eso significará que nos dejaremos de escuchar, o peor aún, que ya no sabremos hacerlo.