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San Andrés, un pueblo centenario – Por Grupo Folclórico Paiba

   

El pasado 30 de octubre de 2013, el Ayuntamiento de Santa Cruz tomó el acuerdo de iniciar el procedimiento para que los núcleos poblacionales de San Andrés y Taganana pasen a ser reconocidos con la denominación de pueblo. La moción, presentada por el Grupo Municipal CC-PNC-CCN y el Grupo Municipal Socialista, fue aprobada por mayoría en dicha sesión plenaria. De esta manera culmina un largo proceso que arranca con la petición formulada en 2006, en el seno del Tagoror de Anaga, por Conrado Acosta, Luján González y Ruyman Izquierdo y que, gracias al impulso proporcionado por Teodoro Rafael Hernández, se ha conseguido llevar con éxito a la aprobación en el pleno municipal. Como curiosidad debemos reseñar que el portavoz del Grupo Municipal CC-PNC-CCN en la sesión plenaria fue José Alberto Díaz-Estévanez León, hijo de Moisés Díaz-Estévanez y Villavicencio, último juez de paz de San Andrés.

Este reconocimiento coincide con el bicentenario de la constitución de los municipios de San Andrés y Taganana. En 1813, acogiéndose a la Constitución de Cádiz de 1812, San Andrés se constituyó en municipio tomando el nombre de Valle de San Andrés, que abarcaba las tierras comprendidas entre el margen izquierdo del barranco del Bufadero hasta la punta de Antequera, limitando con Taganana por la cumbre dorsal de Anaga. En este sentido cabe señalar que San Andrés, igual que Taganana, tenía alcalde por acuerdo del Cabildo de La Laguna en la lejana fecha junio de 1518 (casi trescientos años antes de constituirse en municipio). En 1850, el municipio de Valle de San Andrés se anexiona a Santa Cruz debido a una ley promulgada en el año 1840 que redujo el número de municipios en base a criterios poblacionales.

La Asociación Recreativa y Cultural Paiba, como otros muchos vecinos de San Andrés, quieren expresar su acuerdo, satisfacción y agradecimiento por este reconocimiento al pueblo de San Andrés. Como vecinos del pueblo de San Andrés, este reconocimiento nos obliga, aún más si cabe, a reforzar el compromiso con nuestra historia, valores y tradiciones. La singularidad geográfica, histórica y cultural de San Andrés son argumentos objetivos suficientes para justificar la existencia de una arraigada identidad de pueblo por el que, a lo largo de cinco siglos, los vecinos de esos valles han sentido y mantenido un especial orgullo de pertenencia. Es mucho más que una categoría política o administrativa determinada. La especialidad geográfica de San Andrés es evidente. Hoy es un núcleo urbano claramente diferenciado dentro del municipio de Santa Cruz. Durante siglos, estuvo prácticamente aislado de otras poblaciones y sus vías de comunicación con el resto de la isla eran marítimas o por tierra a través de caminos estrechos y tortuosos. Una vez que se construye la carretera desde Santa Cruz y se abre la carretera a Taganana por la cumbre, San Andrés experimenta un importante nivel de desarrollo económico y crecimiento poblacional. Desde el punto de vista cultural, la iglesia (mediados del siglo XVI) y la torre de Defensa (1706) han sido los grandes vertebradores e impulsores de San Andrés. La torre, permitiendo un desarrollo urbano estable protegido de las correrías de piratas y corsarios. La iglesia, aglutinando al calor de las diferentes festividades litúrgicas un conjunto de manifestaciones culturales de diversa índole. El folclore, la artesanía, la alfarería, la lucha canaria, el juego del palo y muchas otras se han conformado un modo propio y singular en San Andrés a lo largo de los siglos.

Todo ello en el marco de muchos siglos, que conforman la singularidad histórica de San Andrés. Sabemos que antes de la llegada de los conquistadores todas las tierras de Anaga, incluido lo que hoy llamamos valle de San Andrés, pertenecían al Menceyato de Anaga. Posteriormente, el asentamiento en San Andrés está muy ligado a los primeros años de la Conquista de Tenerife y a los primeros acompañantes de los conquistadores, pues existen documentos que así lo testifican. En definitiva, una presencia humana en estos valles que es anterior a la conquista y, con diferente intensidad en el tiempo, siempre presente de forma significativa.  

Este reconocimiento debe ser hoy una gran llamada de atención. Somos un pueblo y debemos asumir esa responsabilidad. Nos preocupa ver que muchas de las personas de edad de nuestro pueblo mueren y no encuentran personas comprometidas que recojan el testigo de la cultura y las tradiciones. Poco a poco se van apagando las voces sabias, valientes y exigentes de nuestros mayores y el conformismo e individualismo se apoderan de muestras calles y plazas. Un pueblo tiene voz y criterio propio. Si calla y se adormece deja de ser un pueblo. Ahora nace una oportunidad para levantar con más fuerza el grito de nuestra tradición.