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Sergi Betta – Por Arun Chulani

   

Por circunstancias que la vida le había puesto ante sus pies, su forma de ser no le permitía tener la facilidad para salir a la calle ni hacer una vida normal. La personalidad de Sergi se había forjado con la misma dureza que las piedras con las que tropezaba. De tanta caída, observó que el foco de sus traspiés tenía de fondo algo muy diferente a una simple roca en su camino: la culpable de su mala suerte era su memoria, que le traicionaba y le recordaba que había cometido tales fallos. A pesar de ello, sus derrumbes le habían hecho fuerte, un luchador en toda regla que, contra todo pronóstico, intentaba salir de las paredes imaginarias en las que se había encerrado. Soñaba con ganar la batalla que la reminiscencia le tendía con guante blanco. La lucha de dos versiones de un mismo Sergi. Por desgracia para él y por circunstancias de su vida, la memoria siempre había sido su gran arma y su gran rival, puesto que le dejaba indefenso al primer toque. Dentro de él, se sentía como un pez Betta, solitario y guerrero. Quería ser más aún ese pez que adoraba, que engalana su cuerpo con escamas de colores llamativos, con colas de media luna. Sobre todo, ansiaba ser Betta por la gran capacidad que tienen: renuevan su mente diariamente. Renovarse o morir. Cambiar sus pensamientos, sus recuerdos y todo lo que le frenaba en su vida. Romper las barreras. Para ello, comenzó a tirar las piedras que le hacían tropezar al aire, por si alguna daba en el blanco. Pareciendo un juego, esta vez no quería esquivar, sino todo lo contrario. Deseaba la piedra, pero en su cabeza. Y a la octava, lo consiguió. Tras la piedra, cayeron él y sus recuerdos. Su memoria estaba perdiendo la batalla: las barreras se habían roto. Curiosamente, el motivo de sus tropiezos se había convertido en su salvador: la idea de ser como un Betta estaba cada vez más cerca. Lo deseó con todas sus fuerzas. Un ser solitario, guerrero, elegante… y sin memoria. Cuando despertó del coma, su deseo se había cumplido. Quería ser un pez para no tener memoria, y lo consiguió. Ahora no recuerda las piedras, los errores. Ni tampoco, por desgracia, su nombre…

@arunchulani