X
análisis > José Miguel González Hernández

Los túneles – Por José Miguel González Hernández

   

“No hay túnel que dure cien años, mi vida…”. Con esta frase comienza la estupenda canción Viento Sur, compuesta por el grupo argentino Lito Vitale Cuarteto, al utilizar la no menos excelente poesía compuesta por María Elena Walsh. Estuve tentado de transcribirla íntegramente, pero prefiero que la rescaten, la analicen, la compartan y la disfruten en su totalidad, de primera mano. El significado de superficie que ofrece el texto se podría resumir en el dicho nacional que nos dice que “No hay mal que cien años dure…”, a lo que popularmente se le añade “… ni cuerpo que lo resista”. El recurrente tema tunelario viene a colación porque estos se han convertido en un infraestructural ejemplo para describir el proceso de entrada, travesía y salida de la tan conocida crisis económica. Es muy parecido al utilizado con la agricultura, cuando hablamos de los denominados brotes verdes (incluyendo la mala hierba). Pero hablando de túneles, parece ser que se atisba la posibilidad de una salida (aunque hay estratos sociales que nunca han entrado), a la vista determinados comportamientos macroeconómicos relacionados, sobre todo con el sector exportador, tanto de bienes como de servicios (personificado todo eso en una luz, sin que se elimine la posibilidad de que sea un tren en contra). De igual modo, la mejora del concepto de riesgo país por la mayor fluidez con la que los capitales extranjeros adquieren nuestra deuda soberana pudiera estar indicando un cierto retoque en el rumbo de los acontecimientos. Del mismo modo, la caída casi generalizada de los precios podía generar un efecto estadístico sobre la renta real, cuando menos interesante. No obstante hay otras variables (también macro, pero sobre todo micro) que indican todo lo contrario. Es decir, que no sólo no hay luz, sino que se incorporan impedimentos adicionales para alcanzar el otro lado. La principal muestra es la recuperación del empleo, porque lenta no va a ser, sino lo siguiente, debido a que, si disminuye el paro, es más por el personal que huye que por el que algo digno encuentra: los salarios, ese gran desconocido junto a la distribución de la renta, que está menos distribuida que nunca. Según la última Encuesta de Condiciones de Vida publicada por el INE, el ingreso medio anual neto por persona se coloca en España en 9.326 euros y en Canarias en 7.313 euros, tras experimentar una disminución media del 3,5% respecto al ejercicio anterior, derivando en un incremento de la tasa de riesgo de pobreza, que alcanza ya el 22,2% a escala nacional y el 33,2% en Canarias; el crédito, esperemos un bienio para mejorar las ratios; el consumo, el último de la fila, que aparecerá después del desapalancamiento (público y privado) y el ahorro precaucional motivado por la científica máxima denominada “por si las moscas…”. Entonces, ¿estamos saliendo o no? Despegarse de una crisis no es como salir de una habitación, cruzar la puerta y ya está. Es un tránsito en el que todas las partes deben aportar. Dicho esfuerzo, con crecimiento, se acelera, pero con desarrollo se cualifica. Porque mejorar, se mejora en algunos aspectos y, en otros, se empeora menos. Por eso, a estas alturas de la película, y analizando la evolución de las diferentes micro y macromagnitudes, podemos llegar a la conclusión que hay más de un túnel. A lo mejor son paralelos, a lo mejor perpendiculares, separados a su vez según el sexo, la edad o la formación. No tienen la misma distancia, ni están hechos del mismo material, ni tienen las mismas condiciones entretanto se transita por ellos, porque mientras en alguno de ellos puede verse la consabida luz junto a imperiales fanfarrias triunfales, junto al ruido cristalino de los consiguientes brindis por doquier, en otros se oye el chapoteo enfangado al pisar en su interior junto al ruido de las ratas, mezclado con el rechinar de los eslabones de las pesadas cadenas que se les han colocado a parte de la sociedad en aras del bien colectivo, a cambio de una aportación en forma de derechos sociales.

José Miguel González Hernández es ECONOMISTA