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Anillo insular de Tenerife: no hay boda – Por Miguel Tejera

   

El anillo insular de Tenerife lo que necesita es una boda. Es decir, precisa de unos contrayentes. O lo que es lo mismo, dos que quieran unirse como pareja, casarse por lo civil o por la iglesia, o por el Estado y la Santa Madre, simultáneamente. Pero claro, la boda no es posible si una de las partes, esto es, si uno de los futuros cónyuges le pone los cuernos al otro. Y esto es, exactamente, lo que impide el bodorrio.

No habrá enlace matrimonial, es decir, no habrá enlace entre Icod de Los Vinos y Erjos y Erjos y Santiago del Teide, mientras el presidente del Cabildo de Tenerife, Carlos Alonso (CC), y los altos jerifaltes del PP de Tenerife y de España (Antonio Alarcó y Ana Pastor, respectivamente) no se den el sí quiero y decidan marcharse de luna de miel a trincar de lo lindo y pasárselo bomba.

Y como no hay bodorrio, pues tampoco hay anillo insular, una anillo que, si estuviera, ya, en el dedo anular de los novios, o sea, terminado, ahorraría a la familia tinerfeña la friolera de 269 millones de euros anuales.

¿Qué ocurre? Pues lo de siempre. Que tenemos unos novios ineptos, ineficaces, torpes e incompetentes, pero, sobre todo, que no saben hacer el amor, por envarados y obtusos. Al novio nacionalista y a los novios populares les importa un bledo la prole isleña, su descendencia. Como los dineros que se pierden por no disponer del anillo no afecta a sus bolsillos, sino a los nuestros, pues ni don Carlos Alonso consigue que le hagan caso cuando pide la finalización de unas obras vitales, tan importantes para Tenerife, ni don Antonio Alarcó termina por meterse en la misma cama isleña en la que todos estamos embarcados (o de cuyo colchón formamos parte). A los dos les da lo mismo: tensar la cuerda es lo único que saben.

El presidente del Cabildo de Tenerife llora lastimeramente pidiendo al Estado (Ana Pastor, ministra de Fomento) que le financie la joya, cuando resulta que se ha equivocado de joyería, puesto que el anillo tiene que ir a comprarlo a la joyería de Paulino Rivero, que es quien tiene la competencia sobre carreteras, rotondas, enlaces y demás zarandajas, por más que sea la Pastor quien adelante la pasta.

Y Antonio Alarcó no media en conseguir un crédito para llevarse el anillo del escaparate, porque las llaves de la caja fuerte las guardan la citada Ana Pastor, la primera; si bien la segunda y definitiva está bien resguardada en el bolsillo de José Manuel Soria, (casi nadie). Motivo por el que Mariano Rajoy no suelta prenda, así lo amenace Paulino con arrojarle a la cara un plato de lentejas o ir a llorarle al Rey (que no pinta un carajo en estas lides).

Con 269 millones de euros anuales, que es lo que perdemos por no disponer del anillo, los tinerfeños nos correríamos una juerga de mil pares de cataplines. Con semejante suma de dinero nos soplaríamos todos/das una bacanal descomunal. Y mandaríamos al llorón de Alonso y al ineficaz de Alarcó a comer polvorones en un convento de monjas.

No es que haya boda porque no hay anillo. Es que no hay anillo porque no hay boda.

¡Pero sí mucha poca vergüenza!