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Los buenos propósitos de Rivero y Rajoy – Por Blanca Delia García

   

Era amarillo y muy ligero. Se habían puesto de moda y los Reyes Magos no lo dudaron. Uno para mí y otro para mi hermana, que nada más cogerlo supo cómo usarlo. Siempre ha sido más hábil que yo y, aunque ahora lo digo orgullosa, de pequeña me enfurecía. Corrí hacia ella y le quité su hula hoop. No era posible que siendo más pequeña lograra lo que yo no podía. Supuse que su juguete era mejor que el mío, pero mi destreza no mejoraba. Cuando terminó de reírse, mi madre cogió a las dos niñas y nos obligó a hacer buenos propósitos. “Acaba de comenzar un nuevo año y vamos a intentar llevarnos mejor”, nos dijo y las dos aceptamos. Yo me comprometí a compartir el aro amarillo que quedaba sano y mi hermana aseguró que me enseñaría unos trucos, de los que me he acordado a raíz del primer encuentro anual de los presidentes Rivero y Rajoy. Claro que lo que nos disputábamos mi hermana y yo era sólo un juguete y lo que está en juego entre los mandatarios canario y nacional es la posibilidad de una financiación más justa para el Archipiélago o, lo que es lo mismo, que se reduzcan las diferencias y haya un mayor equilibrio inter regional. ¿Es posible? ¿Cabe un mayor entendimiento y un mejor reparto de los fondos públicos nacionales cuando se apuesta por el centralismo, se imponen criterios de población y se relegan singularidades, o cuando existen comunidades autónomas que pese a ser de las más ricas se sienten agraviadas y plantean la independencia? El actual Gobierno de España no está sabiendo conciliar intereses. Más bien alimenta escontentos, que ya surgen incluso entre las disciplinadas filas del partido que ostenta el poder. Puede que tengan razón quienes reprochan el discurso victimista que caracteriza a los nacionalistas canarios y, sin embargo, el mensaje hoy tiene más razón que nunca. La visión de las Islas que se trasluce tras las cuentas estatales se corresponde más con la de un lugar para que nacionales y extranjeros pasen sus vacaciones que con la de una autonomía con los mismos derechos de progreso y desarrollo que el resto del país. ¡Pero si hasta se ha reimpuesto el certificado de residencia para que los canarios podamos viajar! La crisis ha servido de excusa para que el Gobierno central reduzca de manera muy alarmante el dinero que destina a Canarias, por lo que temo que los buenos propósitos presidenciales de este inicio de año se asemejen a aquellos de mi niñez, impuestos por las circunstancias y, en este caso, ni siquiera guiados por el amor entre hermanos.