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Camas bloqueadas – Por Leopoldo Fernández

   

El presidente Rivero ha levantado una polvareda periodística con sus declaraciones sobre las 400 camas bloqueadas por pacientes ya sanos en los hospitales públicos y concertados de Canarias, a los que sus familiares no recogen pese a que ya disponen del alta médica. Por lo que vengo leyendo, tales afirmaciones han sido desenfocadas y criticadas aunque el presidente canario no acusa a nadie de esa anomalía -extensible a unas cuantas provincias españolas, según parece-; tampoco habla de que estas personas sean consideradas, todas, una carga o un estorbo para sus familias. Se limita a constatar un hecho ratificado por distintas instancias relacionadas con la sanidad y a subrayar que podemos estar ante “una cuestión cultural”. No sé qué entiende Rivero por “cuestión cultural”, aunque posiblemente trate de dar a entender que algunos de los pacientes están abandonados, al menos temporalmente, por sus familiares. Nada extraño, por otra parte, porque en nuestro país hay casos a miles y hasta un anciano fue dejado adrede en una gasolinera cuando la familia se iba de vacaciones de verano. Las razones de tales actitudes, algunas realmente deshumanizadoras, pueden ser muy variadas: desde el desamparo familiar puro y duro, con lo que tal hecho supone de pérdida de valores, a la imposibilidad de atender a esos ciudadanos por carencia de recursos económicos, trabajo de toda la familia, término de las ayuda que venían percibiendo, falta de plazas en centros públicos o privados, ya sean de día o de estancia permanente… La situación mortecina, bajo el punto de vista económico, de la Ley de Dependencia, la propia crisis iniciada en 2008, la falta de recursos de muchas familias con ancianos o parientes con problemas de salud a su cargo y la disminución de las ayudas públicas consignadas para menesteres sociales han creado un caldo de cultivo que se traduce en situaciones dramáticas de difícil solución…, además de generar un problema a la sanidad pública. La indiferencia y la falta de previsión de muchas políticas ha dejado a pueblos y ciudades sin apenas residencias de ancianos o para la tercera edad, centros socio-sanitarios, geriátricos, locales de día, hogares del pensionista, etc. Una sociedad envejecida como la canaria, y por extensión la española, debería contar con suficientes piezas para la atención y recreo de mayores y disponer además de medidas tendentes a la atención de personas dependientes, desvalidas, solas o abandonadas que necesitan ayuda ajena para poder desenvolverse en la vida diaria. Si no atendemos a nuestros ancianos y disminuidos como simple cuestión de justicia y solidaridad, tampoco nosotros podremos esperar un trato mejor el día de mañana.