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El ‘cholismo’ contra la crisis – Por David Sanz

   

Cuando hemos perdido la esperanza en los gobiernos de Europa para solucionar la crisis; mientras los economistas siguen errando sus diagnósticos y, lo que es peor, sus terapias para sacarnos de este agujero negro que sigue dejando sin aliento a la sociedad; y ni siquiera los filósofos son capaces de dar con una clave existencial para ser capaces al menos de pensar con cierta coherencia lo que nos está ocurriendo. Para este año 2014 que estamos estrenando, desde la incertidumbre y el miedo que se han cronificado en nuestra sociedad, propongo que nos fijemos en un entrenador de fútbol que ha convertido en dos años una banda desafinada en una orquesta sinfónica. Me refiero al Cholo Simeone. Valdano funcionaba bien en los tiempos de bonanza económica, pero el cholismo es para épocas de crisis. Para el madridista el fútbol son sensaciones, para Simeone, más práctico, son “momentos”. Prometo que no es para meterle miedo a los culés, como a mi compañero de redacción y amigo Agustín González, sino para mostrar un pensamiento que, a mi juicio, no escondo tampoco mi espíritu colchonero, puede resultar interesante para nuestros tiempos. Basta asomarse a unas cuantas ruedas de prensa o entrevistas del entrenador argentino para impregnarse de su filosofía: “Hay que ir partido a partido, semana a semana, es lo que nos enfoca en los más próximo y nos ilusiona en el futuro”; “la mayor virtud que tenemos es conocer nuestras dificultades y nuestros defectos, así no tenemos miedo a camuflarlos y potenciamos nuestras virtudes”; “me gusta presionar arriba los primeros minutos”; “los mejores son los que van primeros”; “cuando hay compromiso y respeto, los caminos están bien marcados”; “los partidos no son importantes para los jugadores, sino los minutos”; “con uno solo que perdamos de los que estamos en el plantel, no vamos a cumplir los objetivos”; “me gusta el fútbol rápido, concreto, veloz”; “la gente que trabaja conmigo es la más importante”. Estas son algunas píldoras que resumen la manera de entender el deporte y la vida de este exfutbolista, que creo que suscribiría aquella sentencia de Virgilio en las Geórgicas: “Labor omnia vincit improbus” (“Todo lo venció el trabajo duro”). Y siempre con la convicción, como le gusta repetir a mis buenos amigos los hermanos Carrillo, de que “nunca caminarás Cholo”.