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La columna de Churchill – Por Tinerfe Fumero

   

Esas obras que tanto tardan o que se hacen… de aquella manera y tal
Dentro de esa gran escuela de obras en la isla de Tenerife que llevan uno de esos dos sellos imborrables que siempre suponen una especial demora en su construcción o que, sencillamente, ese que confiere la necedad, merece ya un puesto el Centro de Visitantes del Drago de Icod. Antes de ahondar en el mismo, pongamos ejemplos de lo anteriormente expuesto. En cuanto a retraso, qué decir del Puerto de Granadilla, ya anunciado a bombo y platillo en la prensa insular allá por los primeros años 70. Tampoco se quedan atrás los hospitales del norte y del sur de la Isla, aunque su pronta construcción (ejem) igual les quita algo de encanto. Ahí figura igualmente, con mayor rango imposible, ese etéreo Museo del Carnaval tinerfeño (al menos tenemos el Parque Bulevar, que si no). Por lo que respecta a las chapuzas, ahí está, majestuosa, la Presa de los Campitos y, en menor medida, el helipuerto del HUC, justo en plena línea de aproximación a Los Rodeos (¡Ya salió Los Rodeos!).

Si se descuidan, milenario es el centro de visitantes y no solo el Drago, oiga
Se puede seguir. Todavía hay quien no comprende que a un Mirador, como por ejemplo el de Humboldt, lo que le hace falta, lo que le resulta imprescindible, es ponerle un muro. Un mirador sin muro… ¡por favor! Podríamos citar alguna carretera, pero esos errores han tenido consecuencias que no tienen ni pizca de gracia, la verdad. En fin, volviendo al Centro de Visitantes del Drago de Icod de los Vinos. La edición de hoy de DIARIO DE AVISOS cuenta que, tras 29 años de construcción, parece que ahora sí, que ya lo terminan pronto y tal. Error. Esperemos que se recapacite. Lo duro ha pasado. Y que, por ejemplo, con 21 años más de retraso, al atractivo del Drago se uniría el de contar con el primer centro de visitantes que tarda medio siglo en erigirse. De nada, hombre, de nada. Para qué estamos.