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Con el tiempo – Por Ramiro Cuende Tascón

   

A decir verdad, quería escribir, con la edad, las cosas se ven de forma diferente. Vivir es harto complicado, entre otras cosas porque ni se enseña ni se estudia en los colegios. Es más, le dedicamos poco o nada a pensar en ¿Qué supone vivir?, en la dimensión de la vida, de cada vida, de la suya -vale como ejemplo-, si le incomoda ponemos la mía y, su relación con la inmensidad del tiempo. Nos creemos importantes, yo poco, y no lo somos. Los días que se van sucediendo uno tras otro como ha sido siempre, me llevan a pensar en asuntos, si se quiere, peregrinos. Algunos como; el papel de las religiones a lo largo de la historia, su práctica y el uso que de ellas se ha hecho y con qué fines. Hace poco me sorprendió la triste reflexión de una amiga sobre la existencia de gente mala, pensé en escribirle, en llamarla y transmitirle lo que pienso sobre este particular asunto de “la maldad y el ser humano o, el no ser humano”. Cuando tuve la desgracia de conocer la razón de su desgarro, la entendí. El cura Calvo, de nombre Jesús, de la mano de un demócrata de toda la vida de nombre Armando, que es de los que echa de menos tiempos pasados y olvidados por casi todos, haciendo uso de su derecho a barruntar, se despachó a base de bien contra Pedro Zerolo, al que a su parecer la “divina providencia a penado con un cáncer” por ser un chico malo y defender con pasión aquello en lo que cree. El tal Calvo entre otras lindezas declaró también que la pena de muerte “es doctrina católica”. ¿Qué quiere que le diga? Se entiende al leer el tenor de sus epístolas. “Tranquilo amigo, España entrará alegremente por la vía del progreso retornando a la feliz trayectoria… Mejor que yo lo ha dejado escrito un lector de este medio: “Que no nos vendan el cuento con la modernidad de la iglesia. Son los antiguos los que han construido el mundo en el que ahora vivimos, los que nos han dado la sabiduría, la ciencia, la auténtica moral guerrera, heroica, noble y fiel del cristianismo y no la de ahora que es débil, hipócrita y cobarde… La clave no está en modernizar el cristianismo, sino todo lo contrario, en volver a buscar otra vez las raíces de lo que nos hizo grandes. En lo antiguo está lo genuino, lo puro. Hoy la palabra modernidad está asociada a los degenerados; y la élite lo sabe. Por ello pretenden llevarnos a todos a un pozo negro de mentiras, falta de fe y aberraciones contra la naturaleza, que es lo más sabio y bello que hizo Dios en este mundo” ¡Toma! ¿Sería esto lo de la ciclogénesis explosiva?