X
luces y sombras > Pedro H. Murillo

La criatura – Por Pedro H. Murillo

   

Este será uno de tantos artículos que aspiran a ser amenos, más allá del onanismo, que lleva aparejada toda columna periodística. Será uno más de los dedicados a un año recién parido y preñado de incertidumbres. Como un sortilegio, todos nos hemos apresurado al sano ejercicio de visualizarlo y ponerle las cosas claritas a este 2014 que tenía pinta de destetarse pronto mientras despedíamos con rabia y hasta ansiedad un 2013 denostado por el dolor de los desahucios y la pobreza. Sin embargo, doce campanadas no van exorcizar una situación de penuria que, lamentablemente, seguiremos sufriendo los ciudadanos. Pero quiero romper un manojito de lanzas por la esperanza y el convencimiento absurdo de que va a ser cierto y que este retoño con doce meses por delante va a ser, como diría el maestro, “más amable, mas humano, menos raro”. Quiero pensar que sucede, que después de unos días de adaptación, cuando la criatura empiece a caminar, las agujas de las vías que nos conducen fuera de este maldito túnel se nos volverán a favor y la velocidad de la luz será más barata y podremos bailar tumbaos en las azoteas con la sensación de que hemos comenzado un capítulo nuevo de un libro necesario y urgente pero que, por una vez, nos han dejado escribirlo con letras y sin puños; que cuando empiece andar la criatura y lo mandemos al colegio no haya una ley que lo discrimine por su capacidad intelectual o sexo, y que pueda gritar en los patios, o donde quiera que griten los años adolescentes recién nacidos. Al llegar la primavera, las alambradas de Melilla se fundirán para hacer broches de latón y las mujeres dolientes y asustadas no tendrán que ahorrar para irse a Londres o jugarse la vida en una clínica clandestina por ejercer un derecho fundamental. Y nos reconciliaremos con este siglo ignoto y estos doce meses más de vida porque aquellos a los que queremos seguirán respirando y las multitudes rodearán el Congreso para abrazarlo. Y los políticos y banqueros nos pedirán disculpas y nos exonerarán de culpas ficticias. Y seguiré ruborizándome cuando ella me sonría de soslayo en ese restaurante, y los poetas podrán seguir escribiendo y publicando. En verano, habrá un sol inmenso, más titánico que otros y le enseñaremos a nuestro año a no cometer los errores de su tatarabuelo sanguinario: ese 1914 que se volvió loco y masacró millones de vidas. Cuando llegue el otoño, nos fundiremos en un latido de hojas y recordaremos aquellas pesadillas y las cestas de la compra vacías estarán colgadas en los museos de los recuerdos infaustos. Le acompañaremos en el invierno hasta diciembre y quizás amanezcamos un 2015 con la nostalgia de haber perdido un buen amigo. De momento, te he conocido, 2014, con una nariz de payaso junto a la gente que quiero. Es una cuestión de actitud, pero como te descarriles…