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Cumplir la ley, buscar soluciones – Por Francisco Muro de Iscar

   

La primera obligación de un gobernante es cumplir la ley. La ley por la que fue democráticamente elegido y que juró o prometió respetar. Cuando un político se salta esa ley democrática y es desleal a esa legalidad, a su compromiso personal y al firmado con los ciudadanos, difícilmente puede seguir en su puesto. Cuando ese gobernante incita a sus votantes a ser desleales con las normas que les rigen, inicia un camino que sabe que es imposible, además de inconstitucional, y posibilita que cada uno de los ciudadanos pueda dejar de cumplir las leyes que no le gusta o embarcarse en acciones parecidas. Y cuando ese gobernante rechaza acudir a defender su propuesta, ilegal pero suya, en el Parlamento de la nación, a sabiendas de que no podrá ser ratificada por su ilegalidad esencial, se descalifica de nuevo. Ibarretxe acudió al Parlamento nacional a defender su plan, perdió y acabó fuera de la política. Artur Más ha iniciado un camino que conduce a un enfrentamiento entre los catalanes y el resto de los españoles y, lo que es peor, a un grave daño para Cataluña y para España, suceda lo que suceda. En lo político, en lo institucional, en lo económico y en lo social, lo que venga será peor que lo que tenemos. Para todos. Y Artur Más sabe que, pase lo que pase, tampoco tiene futuro en Cataluña. Si pierde, porque tendrá que abandonar. Si gana, porque serán otros, los independentistas de verdad, los que gestionen el problema. A los gobernantes también se les elige para que busquen soluciones a los problemas y no para que creen problemas, incluso cuando se ha visto una solución. El Gobierno de España gobierna también para Cataluña, sostiene sus finanzas que, de otra forma, habrían entrado en quiebra hace mucho y ha cedido cotas de autogobierno como nunca había tenido Cataluña antes de la democracia parlamentario emanada de la Constitución de 1978. Pero gobernar en Cataluña significa buscar soluciones a los problemas y no sólo dejar que se pudran. Gobernar para los catalanes significa explicar allí por qué no son posibles algunas propuestas, por qué no son verdad muchas afirmaciones de algunos políticos catalanes, cuáles van a ser las consecuencias de una posible independencia, etc. Y hacerlo con inteligencia.
Pero el Gobierno de España, con su presidente al frente, ha dejado que creciera la bola, ha permitido que los ciudadanos catalanes se crean eso de que “España nos roba”, ha estado ausente del debate y no plantea ninguna solución, ninguna acción. Seguramente hacen falta algo más que políticos para encontrar una salida al conflicto. Pero los políticos, que no dejan campo a nadie, son responsables de lo que suceda. Artur Más no ha conseguido ni un solo aliado internacional para su propuesta. Es lógico. Ha abierto un melón cargado de veneno. Pero el fracaso de Más nos puede arrastrar a todos.