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Frente interno – Por Jorge Bethencourt

   

La política es un universo donde no existen las contradicciones y las leyes de la física están subordinadas a las de la conveniencia o la oportunidad. Por eso mismo no resulta imposible, aunque sea curioso, que el mismo partido que está protagonizando un plan nacional de reforma que refuerza los controles centrales del Estado sea el que propugne el poder de decisión de las islas frente al centralismo de la comunidad autónoma de Canarias.

La isla de Gran Canaria ha encontrado un escenario político rentable planteando una incipiente política de agravios del Gobierno regional que poco a poco va cogiendo velocidad. El brote insularista va ganando adeptos y pronunciamientos en el tejido empresarial y político porque nadie quiere quedarse el último en el noble deporte de poner a parir a un gobierno en el que ninguno de los poderes locales moja.

La pinza perfecta es que cuanto más acogote el Gobierno central a Canarias en materia de financiación e inversiones, mayor será la capacidad del PP de Gran Canaria para protestar por el injusto trato del ejecutivo canario. Nadie ha hecho puñetero caso a los primeros brotes del sarampión insular. Pero cuando la madera está seca el fuego siempre prende. La guerra por los hoteles de cuatro estrellas que Gran Canaria quiere construir por pelotas, pasando por encima de unas directrices turísticas intervencionistas y desfasadas, va a seguir con la salida por peteneras de Bravo de Laguna que quiere hacer por libre la campaña turística de su isla.

El éxito de turistas de Tenerife y Lanzarote en 2013 ha sido como echar sal en las heridas abiertas de un Cabildo que en este año que comienza va a lanzar toda su artillería sobre el tejado del pacto de gobierno CC-PSOE.

El insularismo es un estado de alma que se suele dar, como la melancolía, cuando se está alejado del poder. Y cuando no existe otro combustible, es el mejor recurso energético para hacer que funcione la maquinaria electoral.

Pacificadas las Galias y firmada la paz con los godos en Madrid, al pacto le queda ahora un segundo frente que hasta ahora ha sido una anécdota pero que para el PP, descolocado en un periodo de buen rollito con Madrid, se puede convertir en una mina. Claro que el titular de la veta insularista es Bravo de Laguna que no está precisamente en la ortodoxia de los populares sino que va por libre con 10 cañones por banda. Y alistando más, según parece.