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¡Hip! – Por Francisco Pomares

   

La decisión del PP de solicitar la renuncia a su acta de concejal del aún alcalde de San Juan de la Rambla, Tomás Mesa, parece haberse tropezado de bruces con el propio don Tomás, un personaje que -entre el esperpento y la autocaricatura- pasará sin duda a la pequeña historia conventual de su pueblo. Tomás Mesa se enfrenta a un expediente de expulsión, abierto de manera fulminante por el PP en cuanto se conocieron el pasado jueves los resultados del juicio rápido al que el alcalde fue sometido por conducir más bien pasado de copas, lo que provocó un accidente con tres heridos. Mesa fue condenado a un año y seis meses de retirada del carné de conducir y a una multa de 1.620 euros por un delito contra la seguridad vial, eufemismo legal para decir que llevaba seis veces más alcohol en sangre del que es de recibo. El accidente se produjo la noche del 21 de diciembre en Santa Cruz de Tenerife, pero no es el primer incidente chusco en el que se ve envuelto el alcalde a cuenta de su aprecio por la buena comida y la bebida abundante. Desde que accedió al cargo tras la polémica moción de censura contra la socialista Fidela Velázquez, merced a un acuerdo con Coalición Canaria, los cuentos sobre comilonas, mariscadas y excesos pagados con dinero del Consistorio han sido de tráfico común por mentideros y redacciones. No es de extrañar que el PP decidiera quitarse al alcalde de encima en cuanto encontró la forma. La cosa es que -en un ayuntamiento donde el PSOE y Coalición empatan en número de concejales y mantienen un enfrentamiento a muerte, la continuidad de Mesa -ahora que el hombre ya ha dicho que no piensa en dejar su cargo- depende básicamente de lo que hagan los concejales rambleros de Coalición y no tanto de lo que diga el PP. La ejecutiva de Coalición ha ordenado a los suyos que dejen de apoyar al alcalde, pero una cosa son las declaraciones y otra encontrar la forma de reconducir una situación imposible: Coalición y el PSOE, enfrentados irreconciliablemente en San Juan de la Rambla, mantienen un empate a seis concejales, que sólo desatasca Tomás Mesa. Pero si el ínclito recordman de las pruebas de alcoholemia no cede su poltrona al siguiente del PP, no hay salida para desatascar la situación en el Consistorio, ni siquiera en la hipótesis de un complejísimo pacto entre Coalición y el PSOE, porque ya se presentó una moción de censura y no se puede presentar otra. Se puede aislar al alcalde, pero forzarle legalmente a dimitir, si se emperra en mantener su dipsomanía en el machito, es imposible. Aunque su alcaldía sea -en la práctica- pura filfa.