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Bendito sufrimiento

   
Luke Sikma. / FRAN PALLERO

Luke Sikma. / FRAN PALLERO

JOSÉ ANTONIO FELIPE | Santa Cruz de Tenerife

El Iberostar Tenerife participará en la Copa del Rey a pesar de haber caído derrotado ayer, frente a La Bruixa D’Or Manresa por 78-83. La victoria del Estudiantes frente al Gipuzkoa (72-61) permitió a los de Alejandro Martínez ganarse un puesto en el torneo copero por tercera vez en su historia. Por tanto, los aurinegros estarán hoy en el bombo del sorteo que se llevará a cabo en Málaga. Real Madrid, FC Barcelona, Valencia o Unicaja serán sus posibles rivales.

El encuentro frente a Manresa estuvo cargado de tensión, de nervios, de la ansiedad que había anunciado Alejandro Martínez en la previa. Los catalanes llegaban sin presión a la Isla, con varios triunfos por encima del descenso, que quizás este curso tampoco se produzca, y con jugadores tan desconocidos para el gran público como interesantes tras comprobar el rendimiento que pueden ofrecer.

Con un Santiago Martín completamente lleno, los aurinegros salieron decididos a demostrar que si se habían ganado la posibilidad de ir a la Copa ganando en su pista no la iban a desaprovechar.

Juanpi Gutiérrez y Blagota Sekulic tomaron la iniciativa en cuanto a la parcela ofensiva se refiere para castigar al juego interior rival. El argentino se mostró especialmente acertado, anotando desde fuera, forzando a los pivots de La Bruixa D’Or a salir de su posición una y otra vez.

Pero, a pesar de todo, los de Borja Comenge no cedían un ápice. Eriksson y Álex Hernández atacaban bien la defensa tinerfeña, buscaban con acierto los huecos que se daban en la misma, para conseguir que el Iberostar Tenerife no se despegara en el electrónico.

Las diferencias eran tan pequeñas que Comenge solicitó un tiempo muerto con 20-14, ya que esos seis puntos fue la mayor distancia de la que disfrutaron los jugadores locales en los primeros diez minutos de partido.

La rotación de Álex Hernández no fue buena para manresa. Ljubicic, que acababa de llegar a su equipo, no encontraba su mejor juego, algo que aprovecharon los de Alejandro Martínez para, de la mano de Richotti y Sikma, abrir brecha en el marcador. Con 33-22 dio la impresión de que el encuentro se rompía, que el Canarias conseguiría una de esas rachas en las que es capaz de dejar a su oponente fuera de combate…pero Manresa salió respondón.
Un gran parcial visitante, que puso las cosas en 37-32, obligó a Alejandro Martínez a pedir tiempo muerto. Todo sirvió para que su equipo volviera a correr, a imponer el ritmo que tanto le gusta que solo era parado por La Bruixa D’Or a base de faltas personales.

En estos primeros veinte minutos el juego local se impuso con claridad al visitante. De ahí el 43-36 con el que llegaría el descanso para los dos equipos. Lo peor para el Iberostar Tenerife estaba por llegar.
47 puntos en 20 minutos. Son los que encajó el Iberostar Tenerife, los que provocaron una derrota que llegó casi sin que ninguno de los presentes en el recinto deportivo de Los Majuelos se diera cuenta.

Quizás fue porque Monroe se puso a demostrar lo buen jugador que es, o porque, sin haber aparecido antes, Giannopoulos clavó un triple que silenció el pabellón, quizás porque defensivamente el Iberostar Tenerife bajó enteros, pero lo cierto es que cuando se habían jugado seis minutos y medio de este cuarto, el empate a 54 aparecía, casi de manera terrorífica, en el electrónico del Santiago Martín. Álex Hernández dirigía con maestría, mientras que una lesión de rodilla de Biviá había provocado que Nico Richotti tuviera que actuar de base. Los dos puntos de ventaja con un cuarto por disputarse (62-60) no tranquilizaban demasiado a los seguidores canaristas.
El Santiago Martín se heló cuando Marcus Eriksson puso a La Bruixa D’Or cinco puntos arriba en el marcador (64-69). El 2-9 de arranque dejó tocado a los jugadores de un Martínez que pidió tiempo muerto, pero no logró que su equipo consiguiera evitar la anotación de su rival.

El partido se había convertido en un duelo solo para valientes, para jugadores a los que no les quemara la pelota en las manos ni se les encogiera el brazo al lanzar. Uno de esos jugadores fue Ricardo Úriz. El navarro, con un triple, acercó a su equipo a solo dos puntos (71-73) pero Larsen volvería a jugar con los nervios de la parroquia local.

Manresa respondía cada golpe que recibía. Lo hizo después de que Rost anotara un triple que dejaba al Iberostar solo un punto por debajo a falta de un minuto y medio por disputarse. El final feliz, después de todo, tenía que llegar, pero un tal Monroe estaba dispuesto a acabar sonriendo. El norteamericano se echó a su equipo a la espalda para superar a Rost en cada jugada.

El silencio que se produjo en el Santiago Martín solo fue roto, horas después, en cada casa aurinegra, cuando Estudiantes permitió al Canarias ir a una Copa del Rey 25 años después.