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Loa a Hilario – Por Francisco Pomares

   

Sobre Hilario Rodríguez, concejal de Santa Cruz de Tenerife, republicano, radical, independentista y bruto sin faltar (lo digo en el sentido más machadiano del término, para entendernos) pueden argumentarse muchas cosas: que esta desfasado, que vive en el siglo XIX, que a veces se comporta como un elefante en cacharrería o que carece de la sutileza necesaria para ostentar un cargo representativo. Sus declaraciones críticas con la visita de los príncipes para inaugurar el Palmetum santacrucero, atendiendo a una invitación de Bermúdez, han desatado una asirocada polémica sobre si es razonable que en el mismo partido y grupo municipal-el de Coalición Canaria- convivan quien invite y quien se oponga.

Personalmente, considero que se trata de un debate tan falso como un billete de siete euros: Coalición Canaria es y ha sido desde el mismo momento de su creación un cajón de sastre en el que caben todo tipo de ideologías y sensibilidades. En Coalición ha habido gentes que se reclaman de izquierdas, de derechas, políticos profesionales, mediopensionistas, centristas (sea eso lo que sea), comunistas, azules, exucedeos, socialdemócratas, asamblearios, liberales, cristianos y hasta algún nacionalista. Incluso hay algunos -como Hilario y los de la corriente Secundino Delgado- que se denominan a sí mismos independentistas, en distintos grados, desde los que se conforman con colocar la bandera de las siete estrellas en sus despachos oficiales, los que reclaman la autodeterminación, los que (Hilario mismo) quieren ponerle una calle a Antonio Cubillo, o incluso alguno que yo me sé que se lee todos los días el comentario editorial de la competencia en busca de iluminación. Que Hilario esté en Coalición no me sorprende nada: en Coalición caben Hilario y quienes piensan justo lo contrario. La cosa con Hilario es que además de ser un jubilado sin dependencias económicas ni papas en la boca es un tipo al que le gusta decir lo que piensa, y además sabe cómo y cuándo hacerlo. No creo necesario insistir en que espero que sus afanes secesionistas no lleguen a ningún lado, pero le alabo su sinceridad. Estamos acostumbrados a soportar a liberales que nos suben los impuestos, socialdemócratas que reducen las pensiones, republicanos de boquilla que se matan por una foto con Letizia y nacionalistas cuya principal obsesión es reforzar los lazos con España. En una región donde abundan los políticos pusilánimes, tramposos, acomodaticios y ramplones, tipos que cultivan descaradamente el doble lenguaje, la ocultación y la falsedad bajo los ropajes de lo políticamente correcto y tolerable, la coherencia de Hilario se me antoja refrescante.