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Martínez Camino – Por Luis Ortega

   

En la víspera de Reyes que, aún en las peores coyunturas suelta nubes ilusionada sobre los niños, hago dos afirmaciones, con el asumido riesgo del error y reconocido el derecho a la discrepancia del lector. Una se basa en la talla cultural y buena prosa de Ratzinger; y la segunda, es la sabia intervención del Espíritu Santo en la llegada del papa Francisco y, de paso, en la eliminación de torticeros intérpretes de las palabras del Santo Padre. La salida de José Antonio Martínez Camino (1953), jesuita que representa el estilo menos feliz de la Compañía, obispo auxiliar de Madrid y titular de Bigastro por la influencia de su patrón Rouco, adoptó una fea costumbre que, además, no era común en las conferencias episcopales de otros paises; con suficiencia poco cristiana, se dedicó a “trasladar al pueblo de Dios las palabras de su representante en la tierra”. ¿Quién le encomendó esa misión? ¿Acaso su petulancia?. A punto de dejar la portavocía, aludió a expresiones de Bergoglio sobre los homosexuales -cuestión recurrente en varios mitrados hispanos- pero, para bien de todos, fue su despedida y cierre. Entramos en harina, en “Jesús de Nazareth”, Benedicto XVI apuntó que, posiblemente, los Reyes Magos no vinieron de Oriente, sino de Tartessos, un espacio ubicado entre Sevilla, Huelva y Cádiz y el inefable y redicho asturiano, en una típica intervención digna de réplica por las chirigotas carnavaleras, precisó, que “en ningún momento el Santo Padre dijo que los Reyes Magos fueran andaluces, lo que explica es que los magos no eran otra cosa que buscadores de la verdad”. Los naturales de la Tierra de María Santísima, más inspirados y precisos en el lenguaje que el burócrata con mitra en “expectativa de destino” criticaron y ridiculizaron la precisión y algunos comentaristas -como yo al recordarlo- se asombraron de “la incapacidad de un clérigo cualificado en valorar el lenguaje metafórico de las Sagradas Escrituras”. Quitarle a los andaluces esa hipótesis tan hermosa y querida de unos reyes tartesianos es como revelar a los niños el bello secreto de esta noche única. Afortunadamente, Camino no se dedicó a la hermenéutica y, desde ahora, tendrá mucho cuidado de meterse en jardines ajenos como la palabra de su jefe supremo. A los hijos de un amigo les conté ayer, porque todavía están en edad, que los Reyes Magos venían de Oriente y el límite de éste entonces era el maravilloso Reino de Tartessos porque, aunque ese ambicioso personaje no lo sepa, a Dios le gustan mucho los niños, los cuentos y las sorpresas.