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Martínez del Mazo – Por Luis Ortega

   

Hasta su boda con Francisca Velázquez de Silva en 1633, todos los datos biográficos del pupilo y yerno del aposentador del penúltimo Austria, son suposiciones e hipótesis. Hijo de Hernando Martínez y Lucía del Mazo, vecinos de Cuenca, vivió su infancia en esta localidad y entró en el taller de su único maestro conocido antes de los veinte años. Entre 1638 y 1652 nacieron sus siete hijos; enviudó en el parto del benjamín, Melchor Julián. Sus trabajos se solaparon con los encargos realizados por la Corona y los nobles a su protector y con copias y réplicas para mercaderes caprichosos; el influjo de su mentor, en cualquier caso, motivó su mayor reconocimiento y valoración, especialmente en los retratos.

En ese carácter, bajo el signo del genio sevillano, junto a su colega Juan Carreño comparte el honor de una exposición temporal sobre pintura cortesana. Fue un notable paisajista, tanto en vistas recreadas con arquitecturas clásicas, como en veristas panoramas urbanos como el de Zaragoza que, con el grueso de su producción, se conserva en el Museo del Prado. Copió para los reales sitios asuntos mitológicos de Tiziano y Rubens y bodegones, animales y escenas de caza de los nórdicos Snyders y Paul de Vos. Hasta la fecha su obra más famosa, Las Meninas -propiedad del Kingston Lacy House de Dorset y presentada desde este otoño en Madrid -puede caerse de su catálogo pues, según Díaz Padrón, habría sido pintada por el mismo Velázquez antes de 1656. De confirmarse la teoría del conservador herreño, sería una pérdida notable para su legado y otra plusvalía para la gloria de su suegro que, de algún modo, estuvo detrás de todos los logros del conquense. Homenaje doméstico al celebérrimo grupo familiar de Felipe IV, Juan Bautista Martínez del Mazo (1611-1667) recreó la composición con las imágenes de su esposa, fallecida trece años antes, sus siete hijos e, incluso, su padre político, de quien heredó el estilo y el empleo real que desempeñó desde 1661.

Fechada en 1665, dos años antes de su muerte, y custodiada en el Museo de Historia del Arte de Viena, La familia del pintor es una de las piezas singulares de esta institución austríaca; dispone de izquierda a derecha a los personajes, con ajustados perfiles del matrimonio y los hermanos mayores y tiernas interpretaciones de los pequeños en un ámbito resueltamente velazqueño; muebles, sobrio ajuar y, entre los cuadros, dos en busca de favores y complicidades: un medio cuerpo del monarca reinante y, en una buhardilla del Alcázar madrileño, frente al caballete y de espaldas al espectador, el gran Velázquez que no pudo ver esta obra concluida.