X
TRIBUNA > Indra Kishinchand López

Niebla – Por Indra Kishinchand López

   

Cada vez que comenzaba a escribir necesitaba que se hiciera el silencio. Le gustaba oír el sonido del bolígrafo sobre el papel, o el de las teclas corriendo, ansiosas por acabar. En su mundo, muchos se sorprendían ante esta costumbre. Ella supuso que tenían miedo de escucharse a sí mismos, de descubrirse. Estar en silencio era como estar rodeado de niebla. Nunca se veía lo suficiente. Nunca se escuchaba lo suficiente y, aún así, era un momento perfecto. La niebla jamás atrapaba su mente, pero jamás la dejaba escapar; la seducía hasta convertirla en polvo, en ruinas sobre las que se construiría la verdad. Había gente que entendía perfectamente su rutina. Como ella, muchos adoraban la suavidad de aquella dominación y hubieran vivido aferrados al silencio, encadenados a la nada. Pero no podía ser, y en el fondo sabía que era lo mejor. ¿Acaso alguna vez habían encontrado la ausencia? ¿La soledad? ¿El mal? ¿Acaso el silencio no representaba todo lo contrario? Después de todas sus palabras, decidió que era momento de callar. El tiempo le recompensaría con vacíos finitos. Aprovecharía para escribir, sin duda.