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Nuestros mayores – Por Cristina Valido

   

Uno de los efectos colaterales de la crisis económica que estamos padeciendo lo podemos visualizar en el reagrupamiento de muchas familias. En la mayoría de los casos la vuelta al hogar -paterno o materno detalle que en este tema no es relevante- se resuelve sin mayor dificultad porque nuestros padres y abuelos saben mucho de lidiar con las crisis. En la mayoría de los casos, la convivencia se suele sortear favorablemente y con la ilusión puesta en que escampe más pronto que tarde. En otros, el regreso al hogar “obligado” se complica haciendo acto de presencia las “borrascas” y “tormentas” emocionales que explotan siendo los peor parados, en la mayoría de las ocasiones, nuestros mayores. Desde el Cabildo hemos decidido iniciar una campaña de concienciación en la que alertamos del maltrato psicológico que se produce en el entorno familiar. Somos conscientes de que es asunto delicado pero convendrán conmigo en que este tema merece una reflexión por parte de toda la ciudadanía. Si hay algún colectivo de personas que merece nuestro mayor respeto ese es, precisamente, el de nuestra gente mayor. Sólo hay que asomarse a la historia de Tenerife para observar cómo se vivía aquí en tiempos pasados. El eslogan “qué suerte vivir aquí”, que ha hecho fortuna en las redes sociales y es de uso común entre la gente joven, no se hubiese podido utilizar en décadas pasadas sin tropezar con el sarcasmo.

No tengan ninguna duda: las condiciones en las que vivieron nuestros padres y abuelos fueron mucho más duras que las nuestras. El maltrato físico, cuando se produce, no presenta dudas a la hora de proceder a su comprobación; generalmente un informe médico da cuenta de las secuelas y se denuncia. El problema se nos presenta en el maltrato psicológico; este es mucho más sutil y desde luego preocupante porque en la inmensa mayoría de los casos nuestros mayores no se quejan, y lo que es peor, en ocasiones hasta los disculpan; en otras no son ni siquiera conscientes de que están recibiendo gritos y vejaciones en su propio entorno doméstico padeciendo por consiguiente una existencia de humillación permanente. Resulta terrible que estas escenas se desencadenen en la propia casa del humillado, que suele ser una vivienda adquirida después de pasar por muchas penalidades durante sus años de juventud o madurez. Si queremos llegar a ser una sociedad justa y solidaria, no podemos pasar por alto este tipo de situaciones. Debemos afrontar con valentía y rigor muchos de los comportamientos que vemos a diario en nuestro entorno y que a veces, por verdadera vergüenza, miramos hacía otro lado o sencillamente agachamos la cabeza cual avestruz asustado. Sólo afrontando de frente y directamente nuestras miserias podremos mejorar como una comunidad que anhela a vivir mejor. Si no respetamos a nuestros mayores no nos estamos respetando como pueblo y ni si quiera estamos teniendo consideración con nuestra propia existencia. Reflexionemos sobre ello. Desde el Cabildo de Tenerife lo tenemos muy claro, para que nuestros mayores puedan disfrutar de una vida digna y completa es imprescindible que vivan en un ambiente de respeto y comprensión. Y en ese empeño debemos estar todos.

*VICEPRESIDENTA SEGUNDA Y CONSEJERA DE ACCION SOCIAL, JUVENTUD, IGUALDAD, Y EDUCACIÓN DEL CABILDO DE TENERIFE