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Un nuevo escenario – Por Jorge Bethencourt

   

No hay mayor injusticia que tratar igual a los desiguales. Con ese discurso Canarias ha dado mucho la vara en ese ombligo de la burocracia y el poder llamado Madrid. Siempre se ha defendido en las islas el hecho de que somos un territorio completamente distinto al continental, con sus propios problemas y peculiaridades (también con algunas ventajas de las que nunca hablamos). La diferencia de Canarias ha sido un hecho histórico manejado con astucia y éxito por las burguesías canarias. Lealtad y fidelidad al Estado que permitía al archipiélago ciertas excepciones que le proveían de bienestar y riqueza (más para unos que para otros, bien es cierto). La nueva cultura política que interpreta las diferencias de Canarias como una serie de minusvalías es relativamente reciente y coincide en el tiempo con la emergencia de la peor clase política empresarial que ha tenido esta tierra en generaciones. Como en el tango, hoy todo es un despliegue de maldad insolente. De estupidez congénita. De intereses de corto alcance, servilismo al aparato reproductor de privilegios (llámese partido, patronal o sindicato), discursos miméticos, falta de tolerancia y respeto…. Una melé en la que todo el mundo se pega patadas en las canillas incluyendo a los propios compañeros de equipo. Eso de que cada isla tiene derecho a elegir sus estrategias de desarrollo es un discurso que suena muy bien en las orejas de cualquier canario. No es lo mismo ni plantea los mismos retos el desarrollo turístico de Gran Canaria que el de La Palma. Se dijo que los cabildos gobernarían las Islas en los asuntos de cada isla y el gobierno autonómico se encargaría de los temas que afectaban a todos los canarios (educación, sanidad, seguridad, servicios sociales). Pero desde que Manuel Álvarez de la Rosa nos regalase una primera ley de Cabildos que venía a dibujar parte del cuadro de Canarias, no hemos hecho más que liarla a base de bien. Hay tanta legislación en Canarias, hemos defecado tanto papel y tanta norma, que hemos convertido la autonomía en un galimatías jurídico que nadie entiende. Pero tras el discurso de Bravo de Laguna, que ha ganado el primer asalto y tendrá -supongo- derecho a edificar todos los hoteles de cuatro estrellas que le salga del capirote, se esconde una nueva estrategia de confrontación del PP. Agotada la vía de las fricciones Madrid-Canarias hay que planear un nuevo escenario. El viejo pleito contra Tenerife, que siempre funciona. Esto no va de modelo de autonomía, va de broncas. Y de votos. De lo de siempre.

@JLBethencourt