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Paseíllo, para nadie – Por Francisco Muro de Iscar

   

La diputada Rosa Díez ha dicho, y seguramente contará con el apoyo de una parte muy importante de los ciudadanos españoles, sean del color que sean, que la Infanta Cristina “no debe tener un trato excepcional en el Juzgado” y que por tanto, si tiene que hacer “el paseíllo”, que lo haga. Yo creo que casi nadie debe tener un trato excepcional en los juzgados y en casi ningún otro sitio, pero el planteamiento debería ser radicalmente diferente. Me parece que es vergonzoso que alguien, sea quien sea, tenga que entrar en un juzgado entre insultos, persecuciones, sean de ciudadanos o de periodistas, o cualquier otro acto de acoso. Sea quien sea. Me parece lamentable que una declaración ante el juez se haya convertido en un espectáculo circense y que esas imágenes, que son una condena pública y algo de lo que nunca se librará esa persona, prevalezcan sobre lo que le pregunte el juez y lo que conteste cualquier ciudadano. Sea quien sea. Me parece lamentable que se puedan grabar imágenes de un detenido con una bolsa de plástico en la que lleva sus pertenencias cuando va a prestar declaración o va camino de la cárcel. Sea quien sea. Me parece que los jueces deberían evitar estos hechos a todos los ciudadanos, sean del rango que sean, y juzgarles con dignidad y respeto a sus derechos fundamentales, hayan hecho lo que hayan hecho. Más aún, si como sucede en este caso o en otros, la persona llamada a declarar lo hace en condición de imputada, es decir todavía no se ha realizado acusación contra ella y, como marca nuestra Constitución, la presunción de inocencia es un derecho al que sólo se está obligado a renunciar en las dictaduras. Hay que dejar trabajar a los jueces, hay que respetar y garantizar su independencia y su libertad, hay que darles todos los medios para que busquen la verdad, hay que colaborar con la Justicia, hay que acatar las sentencias, hay que condenar a los delincuentes y deben cumplir su pena pero hay que impedir, sea la Infanta o sea Perico de los Palotes, que la condena se dicte antes de que haya una acusación, se haya probado en un juicio con todas las garantías y se haya dictado sentencia. Y hay que impedir que esas imágenes y esa sanción popular no tengan posible marcha atrás, sobre todo si, al final, no hay culpabilidad ni delito ni responsabilidad demostrada. Trato excepcional para nadie. Paseíllo para nadie.