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Querer el frío – Por Indra Kishinchand López

   

“Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás”, dijo Marcel. O quizás es “quiero que existas siempre”. Pero no todo el mundo es capaz de desear el infinito. Me gusta la gente que no duda en querer, que duda al querer. Me gusta esa gente que es capaz de replantearse sus propias afirmaciones. Me gustan quienes no tienen miedo a caer sino miedo a no caer nunca.Adoro a las personas que caminan mirando al cielo, o al suelo, pero que saben a dónde mirar. Me fascina la gente capaz de mantener la sonrisa aun cuando está triste. Admiro a aquellos que nunca se preguntan “¿por qué a mí?”, sino que aceptan que algunas cosas de la vida aún no tienen explicación.

Me gustan las personas que saben que el frío no existe solo a -10 grados, sino que es posible sentirlo en una despedida. Me hipnotizan quienes buscan la verdad más allá de sus fronteras y se buscan a sí mismos en otros, en otros países, en otros mares, en otras vidas.

Me asombro ante todo aquel que no olvida los tratos que hace consigo mismo y que, pese a todo, se mantiene fiel. Leal a quien es y a quien puede llegar a ser.