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La Quinta Verde, testigo mudo de viejas leyendas de Santa Cruz de La Palma

   
QUINTA VERDE

Zona de El Puente, en Santa Cruz de La Palma, con la Quinta Verde al fondo, sobre 1930. / Autor: desconocido. Cedida por la FEDAC

AGUSTÍN M. GONZÁLEZ | Santa Cruz de Tenerife

Santa Cruz de La Palma conserva valiosos elementos patrimoniales que recuerdan a vecinos y foráneos el pasado esplendoroso que vivió esta coqueta capital insular. Llegó a ser uno de los tres puertos más importantes del Imperio español, por su condición de puente estratégico entre el Viejo y el Nuevo Continente. Algunos monumentos históricos y arquitectónicos pasan más desapercibidos que otros, camuflados en la moderna urbe que ha ido creciendo alrededor, olvidados de la memoria popular tras siglos de silencio. Un ejemplo es la Quinta Verde, mansión singular que popularizó una canción de Taburiente y que junto a la Quinta Roja, en Garachico, constituyen los dos ejemplos más representativos en Canarias del tipo arquitectónico de quinta o hacienda de campo próxima al núcleo urbano, construida por las clases aristocráticas como lugar temporal de descanso y recreo.

La Quinta Verde, fabricada entre 1672 y 1690, es un ejemplo interesantísimo de villa, en la que no sólo es importante el edificio, sino también su entorno natural, geológico y vegetal. Está incluida entre las 146 casas que componen la reseña cronológica de las viviendas más importantes en la arquitectura doméstica canaria, así como entre los ejemplos más interesantes de Canarias de la casa en el medio rural, tal como expone el profesor Fernando Gabriel Martín en su obra Arquitectura Doméstica Canaria (1978). A sus singulares valores arquitectónicos, paisajísticos y ambientales, hay que unir, además, su importancia histórica, cultural y literaria, como lugar de reunión de la logia masónica existente en la Isla y residencia de poetas como Nicolás Massieu Salgado (1720-1791) y Leocricia Pestana Fierro (1854-1926). Sobre la escritora, hija de una familia de la burguesía palmera, se dice que vivió recluida en esta hacienda propiedad de su hermano. Se pasaba los días leyendo libros y escribiendo cartas a otros intelectuales. Murió mientras dormía. En su testamenteo Leocricia dejó escrito que donaba su dinero a arreglar el cementerio civil, su biblioteca a la Cosmológica y sus muebles a la institución masónica. Ninguno de sus deseos fue cumplido. Incluso, sus restos desaparecieron al poco del cementerio civil. Desde entonces, cuenta la leyenda que una misteriosa dama de blanco, de aspecto parecido a la infortunada poetisa, se pasea por las estancias de la Quinta Verde en las noches de luna llena. Ideada como si de una atalaya defensiva se tratara, escalonada sobre la vertiente sur del barranco de Los Dolores y elevada sobre el nivel de la avenida de El Puente, la propiedad tiene su origen en una casa y lagar situada dentro de una propiedad de viñas, higueras, palmeras y árboles frutales,que, en la segunda mitad del siglo XVI, poseían Álvaro González y su esposa. Posteriormente, en 1672, pasó a la propiedad del capitán Nicolás Massieu Van Dalle y Rantz, regidor perpetuo de La Palma.

Esta histórica hacienda está declarada Bien de Interés Cultural desde 2007. El Ayuntamiento capitalino estudia ahora convertirla en la sede del Museo de las Fiestas Lustrales de La Palma. Inmejorable destino para tan emblemático inmueble, aunque habrá que buscar soluciones para facilitar la accesibilidad.