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Recortes en Defensa – Por Fermín Bocos

   

De todas las expectativas del año que estrenamos, tengo para mí que una de las más inquietantes es la que transmite la precariedad de recursos con los que cuentan las Fuerzas Armadas en razón de la poda de los presupuestos asignados a Defensa. En los últimos cinco años, la rebaja ha sido de más de un 30%. Hablo de inquietud en el sentido de hecho que genera preocupación. El discurso del ministro de Defensa en la Pascua Militar dio idea de la capacidad que tienen los militares españoles para adaptarse a las circunstancias. Está bien que sea así. Pero, deberíamos preguntarnos si, puestos a recortar gastos, el tajo que se ha llevado por delante cerca de un tercio de las partidas asignadas por todos los conceptos a Defensa, es en sí mismo fruto de una decisión acertada. Entendiendo las razones y hasta la legendaria cicatería que anida en la pelliza de todos los ministros de Hacienda, creo que en este asunto ha faltado una correcta ponderación de los riesgos que apareja debilitar la asignación de recursos destinados a mantener la operatividad de nuestras Fuerzas Armadas. No hace falta ser un experto para concluir que las posibles amenazas potenciales a la seguridad e integridad del territorio nacional invitan a mirar hacia el Sur. Con mar y mucho océano de por medio -antes de llegar a Canarias pasando por Ceuta y Melilla-, que tras el desguace del Príncipe de Asturias, un país como España se haya quedado con un único buque capaz de portar aviones de ala fija (el Juan Carlos I), es preocupante. También lo es que se filtre la idea de que es mejor disponer de un 10% de unidades coordinadas de élite al 100% de sus capacidades (Fuerza Conjunta) que, en sentido contrario, disponer de un 100% de la Fuerza con su capacidad reducida al 10%. No siendo un trabalenguas, lo cierto es que lo parece. Ya se sabe que en tiempos de parvedad de recursos procede hacer de la necesidad virtud. O aparentarlo. Pero, sinceramente, creo que no es el caso. Hay otras estructuras del Estado que comportan gasto -desde los ayuntamientos, a las comunidades autónomas, pasando por las diputaciones, cabildos o mancomunidades, por no hablar de los asesores de munícipes, y demás tribunos o los dispendios en organismos autonómicos paralelos- cuyas asignaciones presupuestarias, podrían y, a mi juicio deberían ser revisadas. A la baja. Suprimir lo redundante y lo superfluo antes de poner en riesgo o debilitar, por falta de recursos económicos, las capacidades operativas de las Fuerzas Armadas. También creo que ha llegado la hora de reducir el despliegue y los gastos que comportan las misiones internacionales. Otros países de la OTAN lo han hecho. Ya una vez fuimos los últimos de Filipinas. Repetir, sería un exceso de celo.