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Reilusionarse – Por José Juan Rivero

   

En estos días donde los más pequeños de la casa anhelan la llegada de los Magos de Oriente, hago un paréntesis en mi día, fijándome en la cara de mis pequeñas, sus ojos están llenos de esperanza, de ilusión, de alegría, disfrutando cada momento de su vida. En esos instantes uno se contagia de toda esa fuerza, de toda su alegría y como si de un cargador se tratara; respiras esa ilusión, volviéndote niño nuevamente. No sé en qué momento, ni en qué proceso de imperfección, los adultos pierden esa inocencia, esa esperanza y se cargan de emociones negativas. En estas fechas he tenido la oportunidad de compartir diferentes momentos solidarios con los más pequeños, con niños que son víctimas de la crisis, donde sus familias apenas pueden conseguir la comida del día, pero sigo diferenciando esa mirada cargada de esperanza, es como si con los años perdiéramos ilusión por compartir este milagro por el que cada uno de nosotros estamos pasando, que se llama vida. Nos empeñamos en cargarnos de insatisfacciones, de no vivenciar los diferentes momentos por los que atravesamos, y ante eso replicamos: “La vida es así, está cargada de momentos…”, y nos posicionamos esperando en muchas ocasiones que nuestro tiempo pase, sin ilusionarnos.

Mientras escribo estas líneas aparece en mi mente una frase del gran Viktor Frankl: “Todo puede serle arrebatado a una persona, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino”. Sin duda alguna, nuestra voluntad para cambiar e ilusionarnos, nuestra actitud ante la vida son el motor que nos puede llevar a reilusionarnos con nosotros mismos. En ese momento aprendo de mis hijas, y veo como disfrutan de cada instante como si fuera único e irrepetible, cargándose de emociones positivas, desde la alegría y la felicidad, reinterpretando cada situación y sobre todo aprendiendo. Es curioso como con los años nos negamos a aprender, más bien aprendemos a huir y nos protegemos de las situaciones por las que atravesamos, cargándonos así de miedo, que nos paraliza y frena todos nuestros planes de vida. Por todo ello, he decidido pedir a los Magos de Oriente la actitud y el optimismo necesarios para que mi vida avance cada día. Al mismo tiempo, deseo tener la paciencia para poder disfrutar de cada instante, sin que el estrés, ni la rutina me puedan y por último seguir rodeado de todas esas personas que aportan felicidad a mi vida. ¿Y tú que pides?

*PSICÓLOGO Y MIEMBRO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA POSITIVA
@jriveroperez