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Remesas a la inversa – Por David Sanz

   

El Banco de España asegura que las remesas que mandan los emigrantes españoles a sus familias en el país no han parado de crecer desde el año 2010, al contrario de las que remiten los inmigrantes a sus lugares de origen, que están cayendo y propiciando, en muchos casos, el retorno. Quienes decidieron en su momento coger la maleta para buscar un futuro digno fuera de España, cuando se vio que la crisis no iba a ser una cosa pasajera y tuvieron suerte en su destino, están contribuyendo desde el exterior con su unidad familiar. Una historia que se repite y que los canarios, pueblo de emigrantes, fuimos testigos en un pasado no tan lejano con Venezuela y, más atrás, con Cuba. Ahora los destinos son más diversos, la situación política y económica de estos dos países no invita a mirar de nuevo hacia ellos, pero se abren nuevos horizontes en Brasil o Argentina, por citar dos territorios al otro lado del Atlántico que están sirviendo de polos de atracción. Lamentablemente, España ha pasado de ser un país de oportunidades a convertirse en un ventilador de sueños en un abrir y cerrar de ojos.

Es triste que unos padres no tengan con qué alimentar a sus hijos, y también es muy desolador que un país carezca de los recursos para mantener a los suyos. Me contaba el otro día una mujer mayor de La Palma, que se defiende con el subsidio, que cada semana envía a su hija que vive en Gran Canaria una caja con papas, calabazas, piñas de millo, cebollas, boniatos, calabacines, frijoles, etc. En definitiva, con todo aquello que le va dando su modesta huerta y lo que sus vecinos le regalan. “Antes le mandaba la caja cada dos meses, sabía que no la necesitaban, pero me hacía ilusión que mis nietos comieran cosas sanas, cultivadas por su abuela. Era como un capricho. Pero ahora es una necesidad”, me comentaba esta señora, que es el reflejo de muchas personas mayores de la isla que tienen a sus hijos viviendo fuera y, con lo poco que le da la tierra, contribuyen a que al menos no pasen hambre. Su hija, que se fue a estudiar a la Universidad de Las Palmas, ciudad de donde ya no regresó salvo en las vacaciones, y su yerno llevan varios años en paro y apenas tenían para mantener a sus dos nietos con la ayuda que reciben. Estas son también remesas, pero a la inversa y en especies, tan fundamentales como las dinerarias, y que están calmando, con un gran sacrificio, mucha hambre.